En el año 750 la caída del califato Omeya de Damasco obligó a Abd al-Rahman a huir hacia el oeste para salvar su vida. Su madre, Rah, era bereber y había sido llevada a Oriente como esclava, al igual que otras muchas. Por ello, ante el peligro, él decidió buscar protección y refugio con su familia materna, entre sus parientes del norte de África. Desde allí, con el apoyo de bereberes y otros leales a la causa omeya, organizó su llegada al-Andalus y, con ella, el inicio del emirato omeya andalusí.
De una u otra manera las mujeres bereberes han participado en la historia de al-Andalus, ya fueran recién llegadas desde la otra orilla, o una vez ya instaladas como andalusíes de origen bereber. Los textos, como se ha dicho repetidamente, ofrecen poca información sobre las mujeres; si a esa circunstancia añadimos el pretender conocer a través de ellos si esas mujeres eran o no bereberes la cuestión se complica doblemente porque en muchos casos este no era, simplemente, un dato relevante para los autores.
A lo largo de los distintos momentos de la historia de al-Andalus podemos localizar mujeres bereberes en diferentes espacios: en palacio, como madres de emires o esclavas; como esposas, hijas o madres de ulemas y sabios; como protagonistas de eventos de guerra, como rehenes, esclavas e, incluso, como participantes en combates. No todos los periodos de la historia andalusí asisten por igual a la presencia de mujeres bereberes en los textos y, entre ellos, hay que destacar el periodo almorávide. A pesar del breve espacio de tiempo que ocupó, la llegada de esta dinastía bereber procedente del norte de África (s. XI-XII) propició, con sus costumbres bereberes recién importadas, una mayor visibilización textual de sus mujeres. Los textos no son el único medio del que disponemos para saber sobre ellas; hay que destacar los estudios en el campo de la arqueología que ofrecen y, sin duda, ofrecerán nuevos materiales e interpretaciones que nos acerquen a las vidas cotidianas de estas mujeres.
DEVOTAS Y SABIAS. Las mujeres bereberes compartieron algunos "modelos" con el resto de las andalusíes, por ejemplo el perfil de "mujer sabia", al que se refiere Mª Luisa Ávila, en cuyo estudio se recogen las trayectorias de 116 mujeres, de las cuales 11 son bereberes de forma incuestionable. Estas mujeres instruidas lo fueron, primero y principalmente, por miembros de su familia y en un ambiente de conocimiento tal que les permitió recibir incluso las enseñanzas de otros sabios de la época, además de las de sus propios parientes.
De estas bereberes "sabias" sabemos, más o menos, lo mismo que del resto de las andalusíes en idénticas circunstancias: en general, poco más allá de su nombre, filiación familiar y cualidades y/o disciplinas en las que eran expertas. En cualquier caso tenemos que recordar que si están incluidas en estas obras (diccionarios biográficos destinados a trazar las trayectorias vitales de expertos en ciencias religiosas) no fue a causa de ser bereberes, sino debido a sus conocimientos y habilidades en el marco del saber islámico.
De entre todas ellas, merecen ser destacadas las mujeres del linaje de los Banu Wansus, que llamaron la atención del cronista al-Razi, el cual afirmaba que hubo en esta familia seis mujeres destacadas por su virtud, devoción, piedad y ascetismo, y que todas ellas habían hecho la peregrinación a La Meca.
En el siglo VII, los ejércitos árabes que invadían el norte de África fueron aplastados por la Kahina, una mujer y reina de los bereberes. Los bereberes, hoy denominados amazigues, fueron parte de la población andalusí: hombres y mujeres. Pero, ¿qué sabemos de las mujeres bereberes? Poco, porque los textos son parcos a la hora de darnos información sobre ellas. ¿Eran tan diferentes de sus hermanas andalusíes? La mayor parte de sus circunstancias eran compartidas, pero lo cierto es que también contamos con casos excepcionales, como excepcional fue que una mujer liderara unas tropas que vencieron a los árabes en su momento de mayor expansión.
La Kahina, reina de los bereberes (s. VII). Estatua de Dihya en Khenchela (Argelia).
Estos Banu Wansus no eran cualquier familia, sino el linaje descendiente de aquellos que habían protegido a Abd al-Rahman del acoso de sus perseguidores en el norte de África y que le habían apoyado, como tropa incluso, en su lucha para hacerse con el poder en al-Andalus. Seguramente existía algún tipo de deuda por parte del Omeya, y así encontramos a esta familia y sus descendientes instalados en la zona de Mérida como gobernadores; en algún momento como rebeldes; e, incluso, contaron entre sus miembros a un importante cargo del emir: el visir Sulayman b. Muhammad de los Banu Wansus.
Entre estas seis mujeres que destacaron por sus virtudes y devoción se encontraban Kalbiyya y sus hijas, Amat al-Rahman y Amat al-Rahim, y otras dos parientes suyas, Aysha y Ruqayya, que vivieron en el siglo IX. No sabemos si esta mención a su piedad quiere decir que tenían conocimientos sobre los textos religiosos o solo que tuvieron un nivel de práctica religiosa excepcional que las hizo merecedoras de figurar en los diccionarios biográficos.
Es un ambiente como este el que puede dar lugar a una figura como la de Umm al-Hasan (s. IX), que fue, sin lugar a dudas, las más extraordinaria de las mujeres de su familia. Umm al-Hasan, como todas ellas, también destacó por sus cualidades religiosas, su ascetismo y su devoción; incluso llegó a realizar dos peregrinaciones a La Meca; en el transcurso de la segunda de las cuales falleció y fue allí enterrada. Pero es que además de estos atributos, compartidos con sus parientes femeninas, fue instruida y destacó por su inteligencia y sus conocimientos religiosos propios de los varones, como la jurisprudencia islámica (fiqh) o las tradiciones proféticas (hadith). Umm al-Hasan estudió con los miembros de su familia y con Baqi b. Majlad, uno de los sabios más reputados y requeridos de la época.
A pesar del breve espacio de tiempo que ocupó, la llegada de la dinastía bereber de los Almorávides del norte de África (ss. XI-XII) propició una mayor visibilización textual de sus mujeres
Construcción tradicional amazig destinada a guardar y conservar grano en Magdaz (Marruecos).
Era de Guadalajara y bereber. Estas son algunas de sus poesías en traducción de T. Garulo (Dīwān de las poetisas de al-Andalus, Madrid, Hiperión, 1985, pp. 128-130). No es de extrañar que, como dice su biógrafo, sus compatriotas de Guadalajara y los miembros de su linaje se sintieran orgullosos de ella.
I. Es bueno todo lo que surge de vos, y con vuestra nobleza se engalana este tiempo; los ojos tienden a miraros, se alegran los oídos si escuchan vuestro nombre, y quien vive sin vos, vive engañado si espera conseguir lo que desea.
II. Comprende, pues, mis circunstancias, la situación por la que me han juzgado los testigos, discúlpame sin censurarme y no me encargues que presente una disculpa: lo malo de una excusa son las palabras que requiere. A esta equivocación que he cometido La confianza en tu nobleza me ha llevado.
III. A un amante canoso
No te muestres, aurora, junto a mí, la noche no se queda cuando viene el alba. No con astucias engañan las canas al amor, así que escucha mi consejo: No seas el más necio de los hombres viviendo en la ignorancia, como sueles.
De una u otra manera, las mujeres bereberes han participado en la historia de al-Andalus, ya fueran recién llegadas desde la otra orilla, o una vez ya instaladas como andalusíes de origen bereber
Para saber cómo adquirió esta mujer sus conocimientos debemos intentar recrear cómo era la enseñanza en esta época, enseñanza que se realizaba mediante un contacto directo y continuado entre el discípulo y el maestro. ¿Cómo pudo entonces estudiar una mujer como Umm al-Hasan con Baqi b. Majlad? En este caso sabemos la respuesta porque los textos nos dicen que le fue asignado un día a la semana para ella en exclusiva; está claro que sus dotes la hicieron merecedora de este tratamiento excepcional, gracias al cual Umm al-Hasan no se mezclaba con los discípulos varones de Baqi.
Estas mujeres de los Banu Wansus estaban totalmente islamizadas y arabizadas, al igual que el resto de las "sabias" andalusíes. Sus vidas, por tanto, no son excepcionales, pero sí lo es la familia a la que pertenecieron, pues todo parece indicar que consiguieron crear un particular ambiente de religiosidad y estudio donde el acceso de las mujeres al conocimiento no era extravagante.
YAMILA LA GUERRERA. Una bereber andalusí excepcional fue, sin duda, Yamila bint Abd al-Yabbar (s. IX): una bella mujer que participaba en combates y cuyas hazañas quedaron en la memoria popular como motivo de cantos en las celebraciones de bodas. Ciertamente, Yamila tiene todos los componentes para haberse convertido en un personaje épico y si bien lo ha conseguido hasta cierto punto —y por eso le estamos dedicando estas líneas— es llamativo que su historia no haya trascendido las páginas especializadas.
Pertenecía a una familia de la tribu Masmuda establecida en Mérida; una familia que provocó agitaciones, conflictos y levantamientos en la zona protagonizados tanto por su padre, Abd al-Yabbar, como por su hermano, Mahmud. La actitud de Yamila en estos combates hizo que sobrepasara los límites de lo que se podía esperar de una mujer en la época, consiguiendo que el cordobés Ibn Hazm (s. X-XI) la retratara como una mujer de gran fuerza y coraje que participaba en lides con caballeros.
El relato más detallado sobre su vida es recogido por Ibn Hayyan (traducción de M. Makki y F. Corriente) y en él se explica su presencia en los combates, y cómo su hermano Mahmud organizó una estratagema para hacer creer al enemigo que disponía de refuerzos: ordenando a las mujeres a soltarse el pelo y tomar las armas para que parecieran guerreros. Concretamente a su hermana Yamila le indicó que tomara uno de los estandartes y marchara tras él.
En su huida desde Oriente, Abd al-Rahman I encuentra refugio entre los bereberes, concretamente entre las faldas de Tkfat, esposa de Abu Qurra. El relato de este episodio, que tiene una enorme carga simbólica, fue recogido por el anónimo autor del Dikr bilad al-Andalus y analizado por M. Fierro ("Tkfāt al-Barbariyya y el destino de los Omeyas en al-Andalus", Al-Qanṭara, XXII (2), 2001, 345-348).
"… La mujer de Abū Qurra se echó entonces sobre ʿAbd al-Raḥmān y lo introdujo debajo de sus vestidos; a continuación, se soltó las trenzas y empezó a peinarse. Era una mujer muy gruesa y cuando los pesquisidores llegaron ante ella y la encontraron de esa guisa, empezó a llorar y se recogió las ropas; ellos, que temían a su marido, salieron de la estancia sin haber podido apresar a ʿAbd al-Raḥmān, a quien Dios libró de ellos".
Ḏikr bilād al-Andalus. Una descripción anónima de al-Andalus. trad. L. Molina, Madrid: CSIC. 1983, pp. 118-119.
Fíbula amazig de las que usan las mujeres en su indumentaria tradicional.
Sin embargo, debemos sospechar razonablemente que el papel de Yamila en la batalla debió ir más allá de este relato sobre la simulación de las mujeres, de lo contrario es improbable que se hubiera hecho un hueco en las canciones populares. Convertida en personaje legendario gracias a su papel como guerrera el resto de la vida de Yamila no defrauda en acontecimientos. A todas sus dotes de liderazgo en combate esta bereber sumaba la belleza, haciendo honor a su nombre (pues eso es lo que significa en árabe "Yamila"); ciertamente debió de ser considerada "un buen partido". Mujer de frontera, al fin y al cabo, los avatares políticos la llevaron a ser capturada y objeto de disputa entre los cristianos, que la deseaban y que decidieron, finalmente, rifarla para decidir quién tenía la fortuna de hacerse con ella. "Adjudicada" a un cristiano de importancia, éste se casó con ella; de él tuvo varios hijos, uno de los cuales, para concluir tan asombrosa trayectoria, llegó a ser arzobispo de Santiago. Yamila finalizó sus días en la zona de Galicia: fallecida la mujer, nació como personaje legendario, cantado y recordado, en las voces y en los textos de historia.
Al leer la historia de Yamila es imposible abstraerse de la poderosa imagen de la Kahina, prototipo de mujer guerrera y bereber cuyas acciones militares son tan celebradas por los textos como sus habilidades para predecir el futuro. Ambas fueron transgresoras de lo que se esperaba de las mujeres en su tiempo pero, a pesar de ello, encontraron en los relatos que recogieron sus hazañas un pasaje hacia una posterioridad que no solo no las censura, sino que las celebra.
Yamila no es el único caso de mujer bereber dispuesta a tomar las armas, como nos muestra la historia de los Banu Abdus, una familia bereber de la tribu de Saddina establecida en Zorita. A principios del s. X sufren las ansias expansionistas de los Banu Di-l-Nun de Toledo que pretenden hacerse con el enclave. El cronista Ibn Hayyan recoge el episodio en el que emerge, aunque de forma anónima, una mujer bereber: la hermana del gobernador del lugar, Jalaf b. Abdus.
"El combate de ʿAbddalḥamīd b. Basīl con los Banū Ḏī n-Nūn tuvo lugar en muḥarram (19 marzo-17 abril 926), tras haber engañado éstos al gobernador de Zorita, Jalaf b. ʿAbdūs, conocido por Ibn Qaṭīn, cogiéndolo prisionero con la esperanza de apoderarse de la fortaleza y matándolo en prisión, mas su hermana se hizo con ésta y se defendió de ellos, dirigiéndose a an-Nāṣir en petición de ayuda (…)".
Ibn Ḥayyān, Crónica del Califa 'Abdarraḥmān III an-Nāṣir entre los años 912 y 942. Al-Muqtabis V, traducción notas e índices por Mª J. Viguera y F. Corriente, Zaragoza, 1981, p. 157.
Identidad y onomástica de los bereberes de al-Andalus.
CSIC, Madrid, 1997.
"Reflejos cronísticos de mujeres magrebíes y andalusíes" en Anaquel de Estudios Árabes, 12 (2001), pp. 829-841.