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Los prejuicios siempre juegan malas pasadas y son difíciles de superar. Requieren humildad y mucha generosidad. Es difícil ejercitarlas, pero se aprende a hacerlo, especialmente cuando uno comprueba cuántas veces se ha equivocado. Combatir esos sesgos es un síntoma, beneficioso, de la edad adulta. La humildad y la generosidad son fundamentales para convivir con el otro. Constituyen, pues, la piedra angular del pluralismo, ese valor de la democracia liberal que nunca trabajamos lo suficiente.

Juzgándolo a posteriori, aquella noche acudí preso de mis propios prejuicios, que siempre aguardan agazapados. Las circunstancias lo propiciaban: un actor humorístico de éxito, devenido en director, pero del que apenas conocía nada. Y un documental premiado sobre los Hermanos Quintero, a quienes jamás leí porque años atrás un profesor de literatura les arrebató el mérito, agostando nuestras ganas de adentrarnos en su obra.

Nos sentamos en el auditorio de la Fundación Tres Culturas. El cineasta estaba justo delante de mí. No había tenido ocasión de saludarlo; pero a los cinco minutos le toqué el hombro y le di la enhorabuena: estaba sobrecogido. La cinta arranca con un grupo de actores de teatro opinando sobre la obra literaria de los Quintero. En la tertulia encadenan un lugar común tras otro. Mientras los escuchaba pensando en la tortura que iba a aguantar, me trasladé al aula en la que nos negaron el placer de descubrir. (Lo peor que puede hacer un docente con sus alumnos). Pero entonces, en la pantalla, alguien dice: «vamos a leer». Fue el punto de inflexión. Así comenzamos a redescubrir la valía de un tándem creativo sobre el que tanta oscuridad se arrojó.

Minerva enseñando a leer, Willem de Broen, grabador; Adriaen van der Werit, pintor. Museo del Prado.

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Los primeros intentos, sus fracasos, las dudas, los deseos rotos hasta que, por fin, Serafín y Joaquín Alvarez Quintero dieron con la clave del éxito. Poco a poco el documental sumerge al espectador en el arrollador triunfo de aquellos hermanos. Y lo más valioso: la valentía. La cinta retrata la mezquindad de un periodo en el que famosos literatos, hoy aclamados, intentaron, por todos los medios a su alcance, acabar con el éxito de aquellos dos utreranos inolvidables, que tan felices hicieron a centenares de miles de españoles. Para muchos sólo hay un canon de felicidad y la que dibujaron los Quintero en sus obras fue condenada al ostracismo. El filme se titula Sembrando Sueños, premio Imaginera 2023, y su director, Alfonso Sánchez. Un descubrimiento. El lector lo puede ver en el repositorio de Canal Sur.

La condena al olvido y la tiranía de los prejuicios han sido habituales en el pasado. Lamentablemente, persisten con notable salud en nuestros días. Hoy se siguen silenciando autores, ocultando libros de Historia, tesis, artículos por miedo a las escalas de grises que contienen, evitando así que las nuevas generaciones los conozcan. Temen la competencia y olvidan lo fundamental: existen las bibliotecas. Se puede enterrar un libro; pero un libro en un anaquel es una semilla paciente que tarde o temprano brota. Pasó con los humanistas y la imprenta, así lo hizo Isaiah Berlin con el ruso Alexandr Herzen y lo logra ahora el magnífico equipo de investigadores, liderado por el profesor Jaime Calbarro, que participa en el dosier. A través de ocho magníficos artículos, este número demuestra cómo los intelectuales y la prensa andaluza del siglo XIX, «tejieron, con biografías, retratos y versos rescatados de los archivos, una genealogía deslumbrante», consiguiendo así reconstruir versos y biografías para devolver la luz a los clásicos andaluces.

A lo largo de estas páginas descubriremos las motivaciones que movilizaron aquellos esfuerzos, los criterios que emplearon para rehabilitar el legado de aquellos escritores olvidados, incluso veremos en primera fila a los que intentaron conquistar la fama a costa de trampas y falsificaciones de enorme recorrido como El Buscapié de Cervantes. Aquellos intelectuales del XIX revivieron a muchos autores y estos académicos del siglo XXI, utilizando las más modernas técnicas de investigación, están barriendo las bibliotecas y las hemerotecas con resultados asombrosos. El lector de Andalucía en la Historia descubrirá el océano que le espera. Y el Centro de Estudios Andaluces no dejará de agradecerles el gran servicio público que realizan, no en vano garantizan a las siguientes generaciones que el descubrimiento intelectual siga estando al alcance de los andaluces.

JOSÉ ANTONIO PAREJO FERNÁNDEZ
DIRECTOR DE ANDALUCÍA EN LA HISTORIA
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