¿Qué ocurre cuando la prensa femenina, dedicada exclusivamente al «bello sexo», habla de la mujer pero calla sobre las escritoras? El resultado es una imagen deliberadamente borrosa. Un ejemplo curioso de este fenómeno lo hallamos en El Espósito, una revista de mediados del siglo XIX que, distanciándose de los habituales temas de moda y belleza, centra su línea editorial en la literatura, el teatro y la sociedad.
El primer número de la publicación data del 6 de septiembre de 1846 y anuncia su idoneidad para las lectoras con una clara declaración de intenciones: «Al alcance de cualquier persona y que, sin riesgo alguno, podrá correr en manos del bello sexo, al cual dedicaremos gran parte de nuestros débiles trabajos». A pesar de su vida efímera, que duró un poco más de un año, hasta el 29 de abril de 1847, la revista gozó de una notable acogida entre el público gaditano durante sus veinticuatro números semanales. Sin embargo, una lectura detenida de sus páginas revela una realidad estadística sorprendente: de los ciento veinte artículos y poemas publicados, tan solo tres llevan firma de mujer. Son Ángela Grassi, Amalia Fenollosa y Manuela Cambronero, autoras, poetas de la época y colaboradoras activas de la prensa decimonónica. No obstante, más allá de este escaso recuento numérico, lo verdaderamente significativo reside en el tratamiento ideológico que la revista otorga a la mujer escritora.
LA DEFENSA TEÓRICA FRENTE AL SILENCIO FÁCTICO. En su breve trayectoria editorial, la cabecera opta por una estética austera, caracterizada por la sencillez y la ausencia de ornamentos, láminas o dibujos, salvo escasos grabados. En cuanto a la organización temática, los títulos son explícitos y vertebran el contenido en apartados fijos: Sección histórica, Sección literaria, Sección recreativa, donde se comparten poemas y novelas seriadas, y Sección moral. Es precisamente en este último apartado donde hallamos el elemento más revelador; la intervención de Juan Mañé y Flaquer con su serie titulada La mujer y la sociedad. A través de cinco artículos publicados entre el 4 de octubre y el 8 de noviembre de 1846, el autor intenta diseccionar el rol femenino en la sociedad española que, paradójicamente, anhelaba la gloria del pasado imperial mientras intentaba transitar la senda de la modernización.
Mañé lamenta la precariedad educativa de la mujer, limitada casi exclusivamente a las tareas domésticas, y argumenta que, pese a las circunstancias adversas, las escritoras eran capaces de forjarse un nombre en Europa al nivel de figuras como George Sand, Sophie Cottin o Madame de Staël. Mañé se expresa con contundencia al defender el intelecto femenino en España: «Preciso es ser miopes de entendimiento para no ver pulverizados tan sofismáticos principios por las obras de innumerables celebridades pertenecientes al sexo que tratamos de defender: véanse si no las de la tierna Cottin, de la poetisa Sand, de la filósofa Staël y de la fúnebre Radcliffe. En nuestra misma España, apenas entrada la senda de la civilización, a pesar de las preocupaciones reinantes aún, vemos florecer también un no despreciable número de poetisas que, haciendo una abnegación por completo del ‘¡qué dirán!’, han sabido elevarse sobre el nivel de su apocada esfera y dar un solemne mentís a nuestros antagonistas».
En la España isabelina, más de cien revistas dedicadas explícitamente a la mujer lectora prometían ilustrarla sobre literatura, artes y costumbres. Las cabeceras destinadas al público femenino se ocupaban de moda, vida familiar y entretenimiento. Publicaciones como la gaditana El Espósito daban especial importancia a la literatura española y llenaban sus páginas de historia literaria de la patria y exaltación de sus genios nacionales. Escritores áureos como Cervantes, fray Luis de León o Quevedo figuraban entre los autores más citados, mientras sus coetáneas quedaban relegadas al olvido. Hoy, el activismo cultural y la investigación archivística intentan recuperar las figuras áureas femeninas.
Semanario Pintoresco, n.º 5, 1840. Retrato de santa Teresa de Jesús. Santa Teresa de Jesús es la escritora áurea que más visibilidad tuvo en la prensa española decimonónica. Fuente: Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.
Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿quiénes son esas poetisas que, según el autor, han alcanzado la celebridad desmintiendo la creencia popular de que las mujeres no pueden escribir? Aquí radica la contradicción fundamental que conecta al autor con la ideología de la revista o, me atrevo a decir, con el pensamiento hegemónico de la época: en ninguno de sus cinco artículos menciona un solo nombre propio español. Mañé defiende la capacidad literaria de la mujer española en abstracto y valida su talento con extranjeras, pero la silencia en lo concreto y nacional.
Al omitir referentes autóctonos, el discurso regresa invariablemente al ámbito doméstico: el amor en el hogar, la instrucción básica para explicar a los hijos los fenómenos naturales sencillos y una pedagogía diferenciada según el carácter de los hijos. En su artículo seriado la mujer queda reducida, en última instancia, a una esposa afectuosa y a una madre educadora. En otras palabras, una agente de transformación social pasiva cuya influencia intelectual se ejerce únicamente a través de la crianza, y no de la pluma.