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Juan Colom y Colom, un erudito olvidado

La difusión del patrimonio local a través de la prensa

Gema Balaguer Alba
Universidad CEU Fernando III

Cuando José Amador de los Ríos publicó Sevilla pintoresca (1844), consignó en la portada que había preparado la obra «teniendo presentes los apuntes de don Juan Colom y Colom», a quien dedicó la obra. Años después, en 1858, este nombre volvió a aparecer en una carta que José Fernández Espino envió a Manuel Cañete para desautorizar la atribución que Amador de los Ríos se hacía del hallazgo de la «Canción a las ruinas de Itálica» de Rodrigo Caro en un manuscrito de la Biblioteca Capitular Colombina. Fernández Espino confesó entonces que «la verdad y el tierno cariño que me unió al desdichado Juan Colom me mueven a decir a usted que el señor Amador de los Ríos falta a la verdad».

Sin ánimo de restar mérito a ninguno de estos ingenios, lo cierto es que ni Amador de los Ríos ni Colom fueron los primeros en localizar el ilustre poema, sino Justino Matute y Gaviria, quien mencionó el hallazgo en su Bosquejo de Itálica (1827). La carta, no obstante, interesa porque refleja el notable afecto que Fernández Espino profesaba a Colom, lo que nos lleva a preguntarnos quién fue este «celoso investigador de las cosas pasadas». Hoy su nombre ha quedado borrado de la memoria cultural andaluza, probablemente porque su fugaz trayectoria vital dificultó su consolidación como erudito local. Sin embargo, como revelan su producción y las alusiones coetáneas, fue una figura digna de recuerdo, pues contribuyó a rescatar y a difundir una parte fundamental del patrimonio monumental y literario hispalense.

TRAS LOS PASOS DE UN JOVEN ERUDITO. La trayectoria de Juan Colom quedó precozmente truncada en julio de 1842, según anunció la prensa de la época, a causa de una pasión amorosa que le robó el entendimiento y le llevó a quitarse la vida de un pistoletazo. Hasta donde hemos podido averiguar, nació en Londres en 1813, en el seno de una familia acomodada de bodegueros gaditanos de origen catalán, los Colom. Su vida discurrió bajo el signo de dos ciudades: Sevilla, donde cursó sus estudios universitarios y desarrolló la mayor parte de su labor intelectual, y Sanlúcar de Barrameda, donde se encontraba su red familiar y cuya historia también atrajo su atención. Ese doble anclaje no es un mero dato biográfico. Permite entender, por un lado, su sensibilidad hacia el patrimonio local y, por otro, la amplitud de un horizonte cultural en el que la investigación histórica, la sociabilidad erudita y la difusión a través de la prensa podían articularse de forma temprana.

Todo indica que Colom procedía de una familia con vínculos que facilitaron su inserción en los círculos eruditos sevillanos. Resulta especialmente interesante su parentesco con el canónigo Luis Gonzaga Colom Osorio, su tío, quien fue racionero y posteriormente tesorero de la Catedral de Sevilla hasta su muerte en 1837. Juan Colom heredó entonces una nutrida colección artística, que incluía unos apuntes de la Escuela Sevillana formados por el canónigo y que, al morir Colom, fueron adquiridos por Leopoldo Augusto de Cueto, I marqués de Valmar. Sin necesidad de reconstruir aquí su genealogía, basta con subrayar que la suya no parece haber sido la trayectoria aislada de un aficionado precoz, sino la de un joven que contó desde muy pronto con condiciones sociales e intelectuales favorables para el acceso a bibliotecas, manuscritos, impresos y círculos cultos.

Las letras áureas

¿Quién fue Juan Colom y Colom, el joven erudito cuyo nombre aflora tras algunos de los hallazgos literarios más notorios de la Sevilla romántica? Su breve trayectoria, entre bibliotecas e imprentas, permite asomarse a un momento de especial intensidad intelectual, aquel en el que Sevilla comenzó a reconocer su pasado como un patrimonio digno de ser recuperado y difundido. Seguir sus pasos supone adentrarse en los años en que la erudición local encontró en la edición y en la prensa dos instrumentos decisivos para fijar ese legado y proyectarlo hacia una memoria cultural llamada a trascender el ámbito local.

Portada y dedicatoria de Sevilla pintoresca de José Amador de los Ríos (Sevilla, Francisco Álvarez y C.ª, 1844). Fuente: Archive.org.

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Panteón familiar de los Colom en la ermita situada en el cementerio de San Antonio Abad. Fuente: portal oficial del cementerio de Sanlúcar de Barrameda.

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