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El jaque de Francisco Saavedra

La maniobra desde Sevilla para salvar el imperio español

Por ironía del destino, durante la caótica invasión napoleónica de 1808, la histórica ciudad de Sevilla recuperó su glorioso papel como epicentro del mundo americano. Bajo el tenaz liderazgo del presidente Francisco de Saavedra, la Junta Suprema asumió una misión trascendental: evitar a toda costa que las Indias cayeran bajo el dominio francés. Consciente del inmenso peligro, Saavedra lanzó una encendida proclama desde el Alcázar exigiendo la «conservación de las Américas». Esta colosal empresa no solo buscaba salvaguardar los inmensos territorios de ultramar, sino que convirtió a la vieja capital andaluza en el último gran baluarte de la monarquía española.

Manuel Moreno Alonso
Catedrático Emérito de la Universidad de Sevilla

Nadie que no tuviera un gran prestigio en aquellos momentos de disolución de la Monarquía, así como un conocimiento directo de los asuntos americanos, podría haber impulsado desde España una política de conservar a todo trance aquellos territorios para la causa patriótica. Esa figura providencial fue Saavedra, conocedor como pocos de los asuntos americanos, quien ya había ejercido como ministro de Hacienda y Primer Ministro en su condición de secretario de Estado.

LA SENSIBILIDAD AMERICANA DEL PRESIDENTE. El presidente de la Junta de Sevilla había entrado en la Secretaría del Despacho de Indias a poco de crearse ésta en 1776, bajo la dirección de José de Gálvez. Justo cuando la política española en América adquirió una nueva dimensión, el joven Saavedra desempeñó un papel muy destacado tanto en la nueva orientación económica y comercial del Ministerio como en la acción exterior. Vivió en primer plano la gran expansión del Ministerio —la Secretaría de Indias—, que pronto detentaría todo el poder sobre América. Nunca hasta entonces los asuntos americanos adquirieron una importancia semejante en la política exterior. 

El nuevo oficial de la Secretaría estuvo detrás de todos los proyectos del todopoderoso ministro, desde la redacción de las instrucciones hasta la ejecución de las numerosas disposiciones gubernamentales en el momento de mayor dinamismo. El joven sevillano conoció el cénit de aquel vasto imperio, conformado por cuatro virreinatos y una población de diecisiete millones de personas. Un mundo, por otra parte, al que se trasladaron las viejas rivalidades europeas.

Desde el centro del ministerio de Indias, Saavedra diseñó los pormenores de la nueva estrategia que se fijó para América, orquestando el envío de una gran armada al mando de José Solano con una tropa de 12.000 hombres para afianzar las conquistas en el Misisipi (Mobila y Pensacola), invadir las Bahamas y Jamaica, y expulsar a los ingleses de América central. Contrario a la participación de España en la guerra de los Estados Unidos, le hizo ver a los ministros Gálvez y Floridablanca que el surgimiento de un Estado independiente en América sería un ejemplo a imitar por las colonias españolas. Actuó como el verdadero coordinador de la operación, primero desde la Corte y, después, desde La Habana.

El viaje y su estancia de casi dos años en las Antillas y México fue el primer encuentro de Saavedra con América a partir de 1780. El segundo se produjo poco después, cuando el ministro Gálvez lo nombró intendente en Caracas, encomendándole una delicada labor de gobierno para dar impulso a las provincias de Venezuela, cuya importancia para el dominio de América central era cada vez más necesaria. Durante el quinquenio que ejerció como intendente, Saavedra adquirió la experiencia directa del gobierno de un país americano, al tiempo que se consolidaba su naturaleza de hombre de pensamiento y de acción. Fue un hombre de grandes iniciativas, forjando los rasgos que lo caracterizarían como un líder con carisma.

LA GRAN INICIATIVA. La Junta Suprema de Sevilla se constituyó en mayo de 1808, como respuesta a la invasión francesa. Pues bien, entre sus componentes no había nadie que igualara el conocimiento del mundo americano que tenía Francisco de Saavedra, quien después de ser nombrado por aclamación Presidente, pasó a ser ministro de la Junta Central como representante de la de Sevilla que, al afincarse en la ciudad del Guadalquivir en diciembre de 1808, convirtió a ésta en capital de la España libre y del mundo americano frente al Madrid ocupado por los franceses.

Retrato de Francisco de Saavedra y Sangronís (1746-1819), Anónimo, s.f. Archivo Histórico de la Facultad de Teología de Granada (AHFT). Universidad Loyola Andalucía.

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Santiago de Liniers. Retrato del virrey interino del Río de la Plata, cuya destitución fue decretada por Francisco de Saavedra en febrero de 1809 ante los recelos despertados por su origen francés y su polémico romance con la aristócrata Ana Perichón de O’Gorman, La Perichona. A pesar de mantenerse fiel a la Corona española frente a la posterior insurgencia, acabó trágicamente fusilado en agosto de 1810. El lienzo original procede de los fondos del Museo Naval de Madrid.

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