La compañía decimonónica finisecular de Juan Bosch brindó formación experiencial de interpretación, proyección de la voz, canto y baile a chavales con edades comprendidas entre cuatro y doce años. Sustento o tradición artística familiar motivaron su incorporación. A pesar de la controversia desatada sobre la idoneidad o impropiedad de la actividad infantil en los espectáculos escénicos, público y prensa almeriense acogieron con admiración y mimo la espontaneidad, minuciosidad, entonación y dicción de las versiones originales o arregladas a nuestro idioma de las zarzuelas breves esencialmente festivas del patrimonio hispano adulto moderno que recorrieron escenarios nacionales e internacionales. Los actores Rafael Díaz Gambardella, Lola Ramos de la Vega e Ignacio León apelaron al habla, cante y ambiente natal andaluz como recurso expresivo señero de la fonética cómico-lírica y la escritura naturalista sainetesca profesional.
En febrero de 1892, chico volvía a ser nuevamente el género en Almería y chicos también los actores por la menudencia de su anatomía, acorde a la cortedad de sus biografías. Se trataba de un conjunto infantil y debutó en el Teatro de Novedades, el día 6 del mes y año en cuestión. Además de una banda de cornetas y doce bailarinas, componían la lista veinticuatro coristas y veintiocho actores-cantantes de ambos sexos. Salvo el director artístico —Felipe Vallmajor—, el atrecista —Eduardo Tarrascó—, el armero —Jaime Vallcaneras—, el peluquero —José Bover—, el zapatero —Félix Carreras—, el sastre —Fernando Doménech—, el maquinista —Bartolomé Carriles—, el encargado de la guardarropía —Aquilino Viña—, la profesora de baile —Paulina Pamias—, y su titular —el empresario barcelonés y director de orquesta Juan Bosch Huguet—, las edades de sus componentes no sobrepasaban los doce años.
Dos de sus voces principales habían nacido en Málaga y, mediante el aprendizaje inicial adquirido en esta plantilla, triunfaron en los escenarios nacionales, lisboetas, habaneros y bonaerenses. Rafael Díaz Gambardella (1883-Barcelona, 1931) descendía de una importante empresa familiar de sastrería teatral, regentada por su madre, la soprano italiana de ópera Amina Gambardella, y era hermano de los actores Emilio, Mercedes y Margarita. Alumno de la Real Academia de Declamación que fundaron el poeta Narciso Díaz de Escovar, la actriz Silveria del Castillo, el novelista Arturo Reyes y el actor José Ruiz Borrego en 1886, participó como barítono sobresaliendo en Las doce y media y sereno, El monaguillo, La caza del oso, El húsar, el maestro de coros de El dúo de la africana, el boticario de La verbena de la paloma y el coronel de El tambor de granaderos. Su generosidad con la beneficencia, el manejo del falsete, la maestría de la caracterización y las peculiaridades de la pronunciación favorecieron el desempeño declamatorio de sus roles de tenor cómico dicharachero que irradiaron simpatía en El bateo, La golfemia, La marcha de Cádiz, El mozo crúo, Chinita, El cabo primero, La reja de la Dolores, El santo de la Isidra, Don Quintín el amargao, Poca pena, el «casto José» de La corte del faraón o el «Cardona» de Doña Francisquita cuando pasó a las formaciones de Ventura de la Vega, José Moncayo, José Riquelme, José Gamero, Federico Caballé y Tomás Ros.
Hija del afamado cirujano Francisco Ramos Elías, Lola Ramos de la Vega (Málaga, ca.1881-1938) creció en Sevilla junto a su madre, Dolores de la Vega Caballero, y su hermana María Luisa, futura directora de la escuela «Jardines de la Infancia» de Madrid. Fue tiple cómica de la compañía de Bosch durante siete años acaparando elogios en El gorro frigio, Cádiz, Certamen Nacional y El rey que rabió. Desde 1896 desplegó una dilatada trayectoria interpretativa lírica especializándose inicialmente en papeles humorísticos —corista 2ª (Su majestad la tiple), Elena (Los monigotes), Nina (Certamen Nacional), Pepa (Agua, azucarillo y aguardiente), Genara (La cruz blanca), Manzanilla (El tambor de granaderos), Bety (La indiana), Luisa (El mantón de Manila), Antonia (La vuelta de Farruco), Polvorilla— y varoniles de golfo, monaguillo, chulillo, campesino o torero con los éxitos de Antoñillo de la zarzuela Caramelo, Juan de La Capitana y El pilluelo de París. La prensa antepuso sus cualidades escénicas de actriz a las canoras al protagonizar El género ínfimo, El fondo del baúl, Mangas verdes, Las estrellas, La guardia amarilla, La Tempranica, La Camarona, El niño judío, La vara del alcalde, La generala, Isidrín o las 49 provincias, ¡Te la debo, Santa Rita!, De mala raza, Malvaloca, La casa de Quirós, Cobardías y El orgullo de Albacete. Legó cuentos, artículos y relatos breves de su autoría en diferentes rotativas con las que colaboró (El Mensajero, La Alhambra, Crónica, El eco de Cartagena, Lunes de la Tierra, Puerto Rico ilustrado, Diario de la Marina —La Habana, Cuba—) y círculos intelectuales (El fomento de las artes —Badajoz—, Sociedad Victoria Eugenia, Sociedad Álvarez Quintero o Ateneo de Jerez de la Frontera). Concibió una escritura teatral naturalista emparentada con el sainete representativo del vocabulario, temática, folclore y costumbrismo andaluz de evocación malagueña y democratización social populista a través de comportamientos humanos, distintivos lingüísticos del léxico regionalista y la caracterización de tipos y personajes alegóricos a los que dio vida: Juaniyo (La estocá de la tarde, 1905), Riquiyo (Del valle…al monte, 1906), Justiya (La Buñolá, 1906), Un cordobés (1907), Picolino (La calderada, 1910), Niña de la Caleta (Málaga tiene la fama, 1929).
La compañía decimonónica finisecular de Juan Bosch brindó a niños de cuatro a doce años formación experiencial de interpretación, proyección de la voz, canto y baile de zarzuelas contemporáneas