Andalucía tiene inscritos en la lista de Patrimonio Mundial cuatro bienes en los que la arqueología es la disciplina científica por la que obtenemos el conocimiento más relevante. Estos bienes son, por orden de declaración: la Alhambra y el Generalife (1984), con la ampliación en 1994 al Albaicín; el arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica (1998); el Sitio de los Dólmenes de Antequera (Málaga), declarado en 2016; y la ciudad califal de Medina Azahara (Córdoba), en 2018.
En todas y cada una de esas candidaturas, el paisaje ha sido un elemento de debate crítico. No solo el entorno actual —un asunto importante para muchos de estos bienes culturales que se encuentran en contextos altamente saturados—, sino también la consideración y el reconocimiento del paisaje contemporáneo al momento de construcción y uso de cada uno de estos lugares.
Del Valle del Darro a Medina Azahara: la huella de lo urbano en el territorio. En lo que respecta al paisaje, entre los bienes arqueológicos de Andalucía inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial existe una diversidad de situaciones que han influido en aspectos determinados de su declaración o en preocupaciones en lo que se refiere a su preservación.
A continuación, vamos a realizar un breve repaso por los distintos escenarios y la relevancia que supone el paisaje en cada uno de ellos.
La Alhambra, el Generalife y el Albaicín poseen una situación paisajística muy consolidada que tiene el reto de afrontar los peligros de cualquier bien integrado en una ciudad y sometido, además, a un intenso uso turístico. En este caso, la preocupación por salvaguardar su identidad paisajística pasaba por la reciente declaración del Valle del Darro como Bien de Interés Cultural, en la categoría de zona patrimonial. La Ley de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía de 2007 define, en su artículo 26, la zona patrimonial como «aquellos territorios o espacios que constituyen un conjunto patrimonial, diverso y complementario, integrado por bienes diacrónicos representativos de la evolución humana, que poseen un valor de uso y disfrute para la colectividad y, en su caso, valores paisajísticos y ambientales».
El BIC del Valle del Darro integra bienes patrimoniales desde época romana hasta la actualidad, vinculados a la explotación y aprovechamiento del agua y con unos valores naturales y paisajísticos que fueron los que propiciaron, precisamente, la ocupación de este territorio. Además, el valle posee un extraordinario patrimonio intangible que aglutina saberes, actividades, actos festivos, usos y comportamientos sociales, así como otros relacionados con la cultura oral. Se trata de un complejo BIC que abarca áreas de los términos municipales de Beas de Granada, Huétor de Santillán y la propia Granada. En esta última se incluyen los sectores: Alhambra y Generalife, Albaicín y Sacromonte.
En el caso de la inscripción del yacimiento arqueológico de Medina Azahara, se reconoce la preservación de una ciudad de nueva fundación erigida a mediados del siglo X como sede del Califato de Córdoba por la dinastía omeya de Occidente. Se trata de una ocupación muy corta, tras la que la ciudad fue destruida y permaneció olvidada hasta principios del siglo XX. El sitio presenta el valor de constituir un conjunto urbano completo que incluye sus infraestructuras, edificios, decoración y objetos de uso cotidiano, lo que permite obtener un conocimiento exhaustivo de la cultura material de una civilización desaparecida en el momento de su máximo esplendor. Además, la excepcional preservación del entorno posibilita la recuperación de los valores paisajísticos que apoyaron la elección del lugar, así como las huellas de su impacto territorial.
En Andalucía, la historia no se limita al espacio museístico: se manifiesta en el territorio, en formas geográficas que han condicionado la ocupación humana, en superficies rocosas que conservan testimonios gráficos y en construcciones megalíticas que siguen definiendo el paisaje. Sus principales enclaves arqueológicos —de la Alhambra al Torcal, de Medina Azahara a los abrigos rupestres del arco mediterráneo— configuran un sistema patrimonial en el que naturaleza y acción humana aparecen estrechamente vinculadas.Estos lugares permiten comprender cómo las sociedades del pasado interpretaron su entorno y lo integraron en sus formas de vida, dotándolo de significado cultural, simbólico y funcional. Lejos de ser escenarios estáticos, son espacios que invitan a reflexionar sobre la relación entre paisaje y memoria, y sobre la continuidad de esa mirada en el presente.
Vista de la entrada del tholos de El Romeral (Antequera, Málaga). Fotografía: Francisco José García Fernández.
Vista del cauce del río Darro en su tramo urbano, junto al Paseo de los Tristes y al pie del Albaicín (Granada). Fotografía: Francisco José García Fernández.