Recreación de una procesión imperial en Itálica. Autor: Arturo Redondo.
Han sido muchas las sociedades que han habitado el sur peninsular antes de que se crearan las fronteras de la comunidad autónoma andaluza. Los vestigios materiales de estos períodos se reconocen hoy como patrimonio histórico. Se encuentran rastros de los primeros pasos por el continente europeo de nuestros antepasados en Orce, con su industria lítica. De la misma forma, del reciente siglo XX perviven los vestigios de una actividad industrial-minera que aún caracteriza el paisaje de algunas comarcas almerienses o de la Alta Andalucía (explotaciones mineras, en algunos casos, con un origen prehistórico).
Estos restos del pasado no hablan por sí mismos, sino que es la sociedad, y los intérpretes del patrimonio desde su propio contexto, los que les aportan valores y lecturas. Hacen hablar a vestigios mudos aportándoles significado. Estas lecturas no son rígidas, monolíticas e irrefutables sino que, como en otras disciplinas, las hipótesis se reformulan, perfeccionan y complementan. De esta forma, aplicar distintas perspectivas puede aportar nuevos significados.
DEL VALOR ÚNICO EXCEPCIONAL A LOS VALORES EUROPEOS. En múltiples ocasiones, como se ha venido viendo a lo largo de este dosier, los vestigios del pasado han sido leídos y considerados como únicos y excepcionales, por estar en posesión de determinados valores que no se pueden encontrar en otro punto del globo. Esto queda demostrado a través de la amplia representación de la que goza el patrimonio andaluz en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Hoy en día, el Conjunto Arqueológico de Itálica se encuentra en el proceso de evaluación para la obtención de esta distinción con el título de Ciudad ceremonial de Itálica. La lectura de Itálica como una ciudad ceremonial romana aporta a este yacimiento un Valor Universal Excepcional que la separa del resto de las urbes romanas de su entorno; sin embargo, Itálica cuenta con otros valores que, sin ser excepcionales, son sumamente significativos pues explican el origen y el fundamento de la Europa actual.
Desde este enfoque, los valores europeos de Itálica residen en su capacidad para representar una herencia común cuyos significados han trascendido hasta nuestros días y forman parte de una de las bases sobre la que se ha construido la identidad europea: la cultura grecolatina. Este legado se encuentra profundamente arraigado en las estructuras fundamentales del pensamiento y la organización del mundo occidental, nacido y gestado en Europa. Para la puesta en valor de esta perspectiva interpretativa, en la que los valores europeos cobran protagonismo, existen distinciones patrimoniales que van más allá de la figura de Patrimonio Mundial, como son el Sello de Patrimonio Europeo o el Itinerario Cultural del Consejo de Europa. De la misma forma que estas figuras plantean nuevas posibilidades y nuevos horizontes para el Conjunto Arqueológico de Itálica, también lo podrían hacer para otros bienes andaluces que, sin lugar a duda, cuentan con valores europeos y podrían emprender este camino de reconocimiento.
Itálica es mucho más que un conjunto de ruinas bajo el cielo de Sevilla. Es un espacio donde se escenificaron la autoridad y la vida pública en el extremo occidental del Imperio, y cuyos restos han llegado hasta nosotros cargados de significado. Sus piedras conservan historias de poder, de ideas que conectaron territorios y de una manera de entender la vida que aún hoy nos resulta cercana. Al recorrer sus calles silenciosas, se percibe que algo sigue presente: una herencia común que solo adquiere sentido cuando somos capaces de interpretarla.
Somos nosotros los que dotamos de sentido y voz al patrimonio, además de su papel en la historia. El extraordinario patrimonio andaluz —por cantidad, diversidad y continuidad histórica—, ofrece margen para recorrer otros caminos menos transitados al de la UNESCO, que también buscan un significado histórico común.