Con la llegada de la Segunda República, Miguel Maura —al frente del ministerio de Gobernación— planteó algunas ideas novedosas acerca de los cometidos que debían desempeñar los gobernadores civiles: su labor debía sustentarse sobre un conocimiento de primera mano de las necesidades de su provincia y, en consecuencia, les instaba a recorrerla, a mantener siempre un contacto fluido con sus habitantes y con los agentes sociales, y evitar el desempeño del cargo para manejos indecorosos. Las propuestas ministeriales chocaron inevitablemente con una realidad compleja y convulsa como reconocería el propio Maura años después. Su reflexión, no obstante, nos pone en contacto también con una realidad patente: el interés del poder constituido por estar bien informado sobre la situación de las provincias y tratar de mantener un control lo más efectivo posible.
Aunque la bibliografía sobre la Segunda República es abrumadora, esta monografía demuestra cómo todavía quedan temas novedosos por tratar. Los autores, de la mano del coordinador, Manuel Álvarez Tardío, abordan la relación entre el poder central y los gobiernos civiles, considerando a estos no como una mera correa de transmisión de los primeros, sino teniendo en cuenta la poliédrica relación con los distintos actores políticos y sociales de la provincia a la hora de materializar sus políticas. Sin negar la premisa de la estrecha relación entre el Ejecutivo y los gobiernos provinciales en un Estado centralista, como se ha puesto de manifiesto en otras ocasiones, los autores muestran cómo los gobernadores que transitan por aquellos años —y sobre todo en la primavera de 1936— tienen un perfil propio muy acusado, influyente en el medio social donde actúan en aquel contexto especialmente agitado de los años previos al inicio de la Guerra Civil. Al poner el foco de atención en la personalidad y en las actuaciones de estos hombres, las aportaciones del libro superan los análisis realizados hasta este momento, en general muy tangenciales salvo en casos contados, pues lo habitual era estudiarlos más bien como parte del entramado del poder político nacional y no abordándolos como una institución clave en la evolución de la Segunda República.
Álvarez Tardío, Manuel (coord.), El poder en la Segunda República. Gobiernos civiles y administración local en la primavera española de 1936, Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2025, 397 páginas.
Ahí radica una de las novedades fundamentales de la obra, así como en la elección de las ocho provincias estudiadas, al tratarse de territorios muy distintos en población, estructura económica, presencia de partidos políticos y sindicatos, etc.; por tanto, señaladamente diferentes, lo que ofrece al lector dos virtualidades: el conocimiento exhaustivo de la relación entre las fuerzas políticas, sociales y económicas de la provincia con alcaldes y gobernadores civiles y, en segundo término, sus coincidencias y disimilitudes en el marco general español. Así, las expectativas de los gobiernos republicanos —y muy especialmente los del Frente Popular manifiestas en las directrices políticas emanadas desde Madrid—, fueron a veces asumidas acríticamente o bien adaptadas por los gobernadores civiles a su propio criterio y personalidad. De hecho, superando como antes decíamos la idea de unos gobiernos civiles meros brazos ejecutores del poder central, en varios casos los responsables políticos de la provincia llevaron a cabo su labor con autonomía, a veces en sintonía y otras en clara confrontación con los grupos afines políticamente al Frente Popular en la provincia.