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El legado invisible

Ritos, saberes y músicas de una tierra diversa

Aniceto Delgado Méndez
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico
Fuensanta Plata García
Junta de Andalucía

Fiesta de los Patios de Córdoba, inscrita en 2012 en la Lista Representativa de la Unesco, esta celebración ilustra el rico componente festivo andaluz. Fotografía de Aniceto Delgado Méndez.

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Hasta hace pocas décadas, la palabra patrimonio remitía sobre todo a monumentos excepcionales, palacios, castillos, yacimientos arqueológicos o lugares «con valor universal». Esa mirada, heredera de una definición decimonónica del patrimonio, privilegiaba lo material, lo monumental y lo asociado a las élites del pasado. Sin embargo, en paralelo a los movimientos sociales, al giro antropológico y a las políticas culturales de finales del siglo XX, empezó a cobrar fuerza la idea de que también forman parte de nuestros bienes patrimoniales las fiestas, las músicas, los oficios, la alimentación y otras prácticas que nos hablan de las formas de vida que las comunidades reconocen como propias.

Ese cambio cristalizó en 2003 en la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la que la UNESCO definió este patrimonio como «usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos y espacios culturales asociados, que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos, reconocen como parte de su herencia cultural». El énfasis de este documento radica no sólo en señalar la imbricación entre los elementos inmateriales y materiales del patrimonio cultural, sino en garantizar la continuidad de prácticas vivas, su transmisión intergeneracional y la participación de quienes las realizan.

Esta nueva mirada sobre los bienes patrimoniales se verá reflejada en la normativa legal y en la visibilización del deseo de las comunidades por preservar su identidad. El valor principal no está vinculado con la singularidad sino con la identidad y representatividad. La revalorización patrimonial de los bienes de carácter inmaterial es fruto de procesos recientes en los que confluyen movimientos vecinales, asociacionismo cultural, políticas de identidad regional y estrategias de desarrollo local.

El concepto de patrimonio, como sucede con la tradición, refleja los procesos históricos y las transformaciones que la sociedad va experimentando. Las miradas y disciplinas en torno a los bienes culturales van construyendo relatos en torno a los elementos que nos representan y definen como colectivos y, en ese camino, el patrimonio cultural inmaterial ha tenido y tendrá un papel protagonista.

PATRIMONIO MUNDIAL EN ANDALUCÍA

Hay historias que no caben en vitrinas ni en museos silenciosos. Están en las plazas, en los talleres, en las cocinas donde se amasan recuerdos y en las fiestas donde el tiempo parece detenerse. El patrimonio inmaterial es eso: la vida cotidiana convertida en legado. Ritos que se repiten porque siguen diciendo algo, músicas que convocan sin necesidad de palabras, saberes que se aprenden mirando y oficios que resisten contra todo pronóstico. Es un universo vibrante y frágil que cambia sin dejar de ser el mismo. Y lo mejor es que no pertenece sólo a quienes lo heredaron. Aquí, todo lo que somos —lo que celebramos, lo que improvisamos, lo que compartimos— se abre también al que llega de lejos, al que decide quedarse, al que se siente atraído por una tierra que no es cerrada ni hermética, sino generosa y permeable. Una tierra que integra, que mezcla y que contagia. Este artículo recorre esas prácticas vivas que la UNESCO reconoce pero que, sobre todo, destacan a las personas que las mantienen encendidas día tras día.

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