Columnas
Dossier

Cuatro ciudades, un legado universal

Córdoba, Granada, Úbeda y Baeza

JUAN MANUEL BECERRA GARCÍA
Junta de Andalucía
MARÍA TERESA PÉREZ CANO
Universidad de Sevilla
EDUARDO MOSQUERA ADELL
Universidad de Sevilla

Córdoba fue fundada por los romanos en el siglo II A.C., en el Valle del Guadalquivir, último punto navegable y primer puente permanente para la capital de la Bética o de la Hispania Ulterior. Tras dos siglos de presencia visigótica, en el año 716 fue conquistada por los árabes, convirtiéndose en capital dependiente del Califato de Damasco, para posteriormente ser Califato de Córdoba y capital del al-Ándalus. Comenzó así uno de los períodos más brillantes cuyo reflejo económico, social y político abarcó también aspectos como la ciencia, las artes, la arquitectura o el urbanismo. Es en esta etapa cuando se construyeron el Alcázar Andalusí y la Gran Mezquita (786-971), ampliada sucesivamente por Abderraman I, Abderraman III y al-Hakam II siendo la segunda mezquita en tamaño tras la Meca. 

En estas fechas se sitúa como una de las urbes más importantes de Europa. Fruto de este esplendor fue la decisión de Abderraman III de iniciar, en 936, una ciudad palatina de nueva planta, Medina Azahara, trasladando allí la corte califal. Aunque siglos después la ciudad fuese abandonada y saqueada —incluso perdida en la memoria de los tiempos como Córdoba la Vieja—, las sucesivas campañas de excavaciones arqueológicas han recuperado su nombre y condición, alcanzando en el 2018 el reconocimiento de Patrimonio Mundial. 

La conquista cristiana en 1236, por Fernando III El Santo, inauguró una nueva etapa que transformó el paisaje de la ciudad. Algunas mezquitas se convirtieron en iglesias o conventos, sus alminares en torres, campanarios, espadañas, y el Alcázar en palacio de los reyes cristianos. La Gran Mezquita, ya entonces catedral cristiana, no sufrió cambios sustanciales hasta que, entre 1523 y 1607, los arquitectos Hernan Ruiz I, su hijo Hernan Ruiz II y Juan de Ochoa insertaron una capilla mayor cruciforme, que evolucionó del gótico al manierismo. 

La ciudad también incorporó otros edificios de autoría reconocida como el palacio de los Villalones o los Orive, obra de 1560 diseñada por Hernán Ruiz II que cuenta con unos amplios jardines, o el palacio de Viana, un conjunto edilicio que, desde 1425, evoluciona en el tiempo junto con sus propietarios, incluyendo intervenciones de Juan de Ochoa de finales del siglo XVI. Mientras, otras casas sin autoría reconocida —fruto del saber popular— seguían tejiendo un parcelario repleto de hermosos patios que caracterizan la arquitectura cordobesa y una forma de vivir lo doméstico, escenario de un patrimonio inmaterial que con el tiempo también será merecedor de reconocimiento internacional como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2012.

En el barrio de San Pedro, en plena Axerquía donde se encuentra la Mezquita-Catedral, se construye en 1683 la plaza de la Corredera, una intervención culta del arquitecto Antonio Ramos Valdés que sitúa a Córdoba en la élite del urbanismo del momento. El proyecto regularizó un vacío histórico que sirvió de mercado y usos lúdicos, conservando en uno de sus frentes la cárcel, el pósito y la casa del corregidor, así como la iglesia de Santa María. Una operación de gran escala que propició un espacio porticado homogéneo rectangular de cuatro plantas dando respuesta a la tipología de plazas mayores, poco frecuentes en Andalucía. 

El siglo XIX, tras los procesos derivados de la desamortización eclesiástica y algunas operaciones de realineación propias del momento o la llegada del ferrocarril en 1859, la ciudad consolidada se transformó levemente con operaciones higienistas puntuales. Todo ello se encuentra recogido en el plano de Córdoba realizado por Dionisio Casañal en 1884.

PATRIMONIO MUNDIAL EN ANDALUCÍA

Andalucía guarda cuatro ciudades cuyos nombres resuenan como un eco de siglos: Córdoba, Granada, Úbeda y Baeza. Todas distintas, todas excepcionales, y todas reconocidas como Patrimonio Mundial. Son lugares donde un paseo basta para descubrir cómo romanos, califas, reyes cristianos y maestros canteros dejaron huellas que aún dialogan con la vida cotidiana. Este recorrido invita a mirar con otros ojos los escenarios de algunos de los hitos culturales más brillantes de la Península: desde la inmensidad hipnótica de la Mezquita hasta la poesía de la Alhambra y el renacer en piedra dorada del mejor Renacimiento jiennense. Cuatro ciudades, cuatro mundos, cuatro maneras de entender por qué Andalucía sigue siendo una tierra que no solo conserva su pasado, sino que lo convierte en futuro.

Plano de Córdoba, realizado por Dionisio Casañal, 1884. Instituto Geográfico Nacional.

imagen

Córdoba. Vista panorámica del Puente Romano. 1915. Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla. Visor Postales. Signatura Djo7229.

imagen
Para acceder al contenido completo es necesario realizar la suscripción