En marzo de 1526, la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal convirtió a Sevilla en el epicentro político de Europa. Durante la estancia de la pareja real, la ciudad acogió a importantes personalidades, entre las que se encontraban nobles, escritores y embajadores extranjeros que dieron buena cuenta a sus señores de todo lo que aquí aconteció. A través de los escritos de estos embajadores tenemos acceso a interesantes detalles sobre cómo se gestó la boda, los novios, cómo discurrió el enlace, el tiempo que permanecieron en Sevilla y los meses que la corte pasó en Granada. Sus testimonios recogen, además, sus impresiones sobre los lugares y personajes que conocieron entonces.
En marzo de 1526, Carlos V tenía 26 años, una edad más que recomendable para estar casado. De entre las distintas candidatas a convertirse en su esposa, la elegida fue Isabel de Portugal, quien contaba con el beneplácito de los procuradores de Castilla. De hecho, éstos apremiaron a Carlos V, en las cortes de Toledo de 1525, para que contrajera matrimonio con su prima portuguesa, hija de Manuel I y de María de Castilla y Aragón, nieta, por tanto, al igual que Carlos, de los Reyes Católicos y a la que consideraban la esposa idónea.
El lugar elegido para la celebración del enlace imperial fue Sevilla, puerta y puerto de Indias y espacio esencial en la economía castellana. La ciudad se convirtió en el centro de todas las miradas europeas, pues los reyes y gobernantes extranjeros querían saber qué sucedía en aquellos días en la corte imperial y cómo transcurrían los acontecimientos. Algunos de los embajadores que viajaron hasta la ciudad hispalense fueron Pedro de Meneses, marqués de Vila Real y encargado, por mandato de Juan III de Portugal, de acompañar a la Emperatriz hasta Sevilla; Baltasar de Castiglione, nuncio del papa Clemente VII; Andrea Navagero, embajador de Venecia; Juan Dantisco, embajador del rey de Polonia; Martín de Salinas, embajador de Fernando de Habsburgo, hermano menor de Carlos V; o Guillermo des Barres, embajador de Margarita de Austria, tía del emperador y gobernadora de los Países Bajos.
MATRIMONIO POR PODERES Y TRASLADO DE LA EMPERATRIZ HASTA SEVILLA. Carlos V e Isabel de Portugal se casaron por poderes en el palacio de Almeirim el 1 de noviembre de 1525. No obstante, se detectaron errores en la bula empleada y fue necesario celebrar unos segundos esponsales tras la llegada de una nueva bula el 20 de enero de 1526. Tan solo unos días después, el 30 de ese mismo mes, la emperatriz salió de Almeirim camino de Sevilla, donde se celebraría la boda con Carlos V. Juan III de Portugal la acompañó hasta Chamusca, mientras que los infantes Luis y Fernando —sus hermanos— fueron con ella hasta la frontera. El marqués de Vila Real fue designado por el rey portugués para encabezar la comitiva de su hermana hasta que llegara a la ciudad hispalense.
Durante el camino y, posteriormente en Sevilla, el noble portugués envió a su rey una serie de cartas que son imprescindibles para saber cómo fue el viaje de la emperatriz y cómo transcurrieron los primeros momentos después de celebrarse el matrimonio imperial. Se trata de 21 epístolas que fueron publicadas en 1920 por Braamcamp Freire. Las cartas muestran las inquietudes del séquito portugués y las dudas sobre cuándo se produciría, finalmente, el encuentro con Carlos V, pues hubo distintos cambios de planes sobre lo que inicialmente estaba previsto.
LA PRISIÓN DEL REY DE FRANCIA, EL TRATADO DE MADRID Y LA BODA IMPERIAL. La boda de Carlos V estuvo condicionada por una serie de acontecimientos políticos de calado internacional que repercutieron, en mayor o en menor medida, en el enlace y en sus estancias en Sevilla y Granada. Así, se vio supeditada a la prisión del rey de Francia, Francisco I —derrotado en la batalla de Pavía y trasladado posteriormente a Castilla—, y a la consecución del Tratado de Madrid, un complejo acuerdo de paz que mantuvo ocupado a Carlos V en los primeros meses de 1526 y que retrasó necesariamente la boda. De la prisión del rey de Francia y de las negociaciones posteriores fueron informando los embajadores extranjeros en sus escritos, como el ya citado marqués de Vila Real.
Por su parte, Martín de Salinas, embajador del infante Fernando de Habsburgo —segundo hijo varón de Felipe el Hermoso y de Juana I de Castilla—, narró en sus cartas a su señor los avances en los tratos entre el emperador y el rey de Francia. Y es que toda Europa estaba pendiente de lo que sucedía entre Carlos V y Francisco I. Ya en una carta fechada el 21 de octubre de 1525, Salinas informaba al infante de que el enlace matrimonial entre Carlos V e Isabel de Avís tendría lugar a finales de ese año. Sin embargo, no fue así. Por ello, Salinas se vio obligado a desmentir esta información en una carta posterior, datada el 13 de enero de 1526, en la que precisa que el Emperador no había podido celebrar sus bodas por «la ocupación de los tratos del rey de Francia». Además, afirmó que la boda tendría lugar en Toledo ya que, aunque Sevilla era la ciudad elegida inicialmente, se llegó a contemplar la posibilidad de que se celebrara a orillas del Tajo y no del Guadalquivir. Baltasar de Castiglione, también recogió esta información. El italiano, uno de los humanistas más importantes del siglo XVI, es el célebre autor de El Cortesano. De él nos han llegado interesantes datos sobre su presencia en Sevilla con motivo de la boda imperial y de su posterior estancia en Granada junto a la corte.