El imperio de Carlos V marcó el inicio de un mundo verdaderamente interconectado, que no estuvo limitado a las cortes castellanas y las fronteras europeas. Los territorios ultramarinos, los puertos asiáticos, las profundas selvas americanas y los confines del mundo formaron parte de sus dominios. La expedición de Magallanes y Elcano, la conquista de los imperios Azteca e Inca, y el Galeón de Manila fueron episodios clave de una expansión mundial sin precedentes. Bajo el reinado de Carlos V se dio por primera vez la vuelta al mundo, se organizó un gobierno de ultramar y se establecieron los cimientos de una economía global. Fue el inicio de la primera globalización, bajo el estandarte de un imperio donde, por primera vez, nunca se ponía el sol.
La mayor aventura marítima del siglo XVI se fraguó en la competición de las potencias ibéricas —España y Portugal— por encontrar nuevas rutas comerciales hacia Asia. El Tratado de Tordesillas (1494) había repartido el mundo en dos zonas: todo lo situado al oeste del Atlántico correspondería a Castilla y, lo ubicado al este, a Portugal. Sin embargo, no estaba claro a quién pertenecían exactamente las preciadas Islas Molucas, ricas en especias y codiciadas por ambas coronas.
En este contexto, el experimentado navegante portugués Fernando de Magallanes propuso a la Corona española un ambicioso proyecto: llegar a Asia por una ruta occidental, sin invadir el espacio portugués, y así encontrar un paso que comunicara el Atlántico y el Pacífico. El rey Carlos I, futuro emperador, aceptó el desafío con entusiasmo. En 1518, el monarca nombró a Magallanes capitán general de la flota que circunnavegaría por primera vez el globo.
La expedición partió desde Sevilla en 1519. Desde el río Guadalquivir, zarparon cinco naos que se bautizaron como la Trinidad, la San Antonio, la Concepción, la Santiago y la Victoria. A bordo iban 239 hombres de distintas nacionalidades, la mayoría de los cuales perecieron en la travesía. Entre ellos se encontraba el marino guipuzcoano Juan Sebastián Elcano quien, enamorado del proyecto de Magallanes, se enroló como maestre de tripulación y acabaría jugando un papel decisivo en la expedición.
Además de marinos, la tripulación contó con otros personajes destacados como Antonio Pigafetta, uno de los cronistas más importantes de la época, quien no dudó en sumarse a esta aventura. Su crónica, Relación del primer viaje alrededor del mundo, dio a conocer las vicisitudes del viaje y se convirtió en una obra fundamental para la historia de la navegación.
Tras una difícil travesía por el Atlántico, en 1520 la expedición encontró finalmente un estrecho en el sur del continente americano que comunicaba con el mar del Sur, al que Magallanes bautizó como Océano Pacífico por sus aparentemente aguas tranquilas. Ese paso, hoy conocido como estrecho de Magallanes, permitió el acceso al vasto océano hasta entonces desconocido para los europeos.
La travesía por el Pacífico fue extremadamente dura. La falta de víveres, las enfermedades —como el escorbuto— y el desgaste generalizado hicieron mella en la tripulación. Sin embargo, la llegada a tierra tampoco traería buenas nuevas para la expedición. En marzo de 1521, las naos llegaron a las Filipinas tras más de tres meses sin tocar tierra. Un mes después, el 27 de abril, Magallanes murió en combate en la isla de Mactán durante una escaramuza con los nativos. Fue entonces cuando Juan Sebastián Elcano tomó el mando.
Sin posibilidad de volver por la misma ruta, Elcano siguió rumbo hacia el oeste, cruzando el océano Índico y bordeando África. La aventura marítima duraría todavía casi tres años más de viaje. Fue en septiembre de 1522 cuando la Victoria, la única nao sobreviviente, llegó al puerto de Sanlúcar de Barrameda con solo dieciocho tripulantes. Pese a las pérdidas humanas, la expedición de Magallanes y Elcano había logrado la mayor hazaña hasta entonces conocida: la primera circunnavegación de la Tierra. El emperador Carlos V recibió con todos los honores a los supervivientes. La Corona reconoció la proeza de Elcano otorgándole una renta vitalicia y un escudo de armas con el lema en latín Primus circumdedisti me (Fuiste el primero en rodearme), símbolo de que había completado la primera vuelta al mundo.
La circunnavegación de Magallanes y Elcano no solo fue un logro técnico y humano extraordinario, sino que inauguró una nueva etapa: la globalización temprana. A partir de ese momento, los océanos dejaron de ser barreras para convertirse en rutas de conexión entre continentes.