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Nación y Monarquía en la Constitución de 1876

Cánovas y la Constitución histórica de España

ROBERTO VILLA GARCÍA
UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS

No puede entenderse el pensamiento de Antonio Cánovas del Castillo si no se advierte que, en él, historia y política estaban inextricablemente unidas. Y no porque Cánovas pusiera la historia al servicio de la política, sino por el hecho de que consideraba el cultivo de la primera —liberada de cualquier servidumbre presentista— como la guía más segura para entender la segunda y actuar en ella con conocimiento de causa. Sin duda, Cánovas fue un hombre de su tiempo. Nunca como en el siglo XIX se generalizó la idea de que todo político que aspirara a convertirse en un gobernante de talla, debía estudiar con atención la historia en busca de todas las lecciones y claves que cabía extraer del pasado para comprender el presente y mejorar el futuro.

Pero lo que separa a Cánovas de la mayoría de los políticos decimonónicos es que no se conformó con apoyarse en el conocimiento histórico: por el contrario, fue un historiador vocacional que, a diferencia de los ideólogos con los que convivió y se codeó, analizaba la política no desde una razón abstracta, sino desde la razón histórica, una fuerza que él creía que condicionaba decisivamente la acción de los seres humanos. No en vano Cánovas afirmaba que había sido la historia la que le había llevado a la política, y no al revés. Pero no la historia concebida como una fuerza impersonal y trascendente, sino como el cúmulo de experiencias de las generaciones pasadas que habían acabado consagrando, fruto de una inexorable corriente de continuidades y descartes, realidades políticas con las que los hombres de su tiempo debían contar de forma ineludible. De ahí la concepción canovista de la política como una constante transacción del ideal con la realidad, opuesta a quienes la consideraban, desde un voluntarismo utópico, un instrumento de transformación revolucionaria o, por el contrario, la rebajaban a una palanca para la conquista y la conservación del Poder como fines en sí mismos.

LA NACIÓN Y SU CONSTITUCIÓN INTERNA. Esa primacía de la razón histórica en Cánovas ilustra y explica su célebre noción de «Constitución interna», que heredó de los teóricos del Partido Moderado: una serie de realidades políticas, de fundamentos doctrinales, de convenciones normativas privativas de cada comunidad política, que indicaban las instituciones que eran más apropiadas para plasmar y organizar el gobierno representativo. La existencia de la «Constitución interna» trascendía la voluntad concreta de una determinada generación de seres humanos. Su contenido venía definido por una serie de «verdades madre» o principios constitutivos entre los que Cánovas citaba, para el caso español: la libertad, la igualdad ante la ley, la propiedad, la monarquía, la dinastía y el ejercicio conjunto de la soberanía por la Corona y las Cortes. La Constitución interna era, por tanto, la organización política particular de cada nación. Y la nación, como comunidad política, era igualmente otro producto acabado de la razón histórica, como Cánovas mismo se encargó de advertir en 1873:

«Las naciones, fábricas lentas y sucesivas de la historia, nacen de una aglomeración arbitraria o violenta, la cual poco a poco se va solidificando y hasta fundiendo al calor del orden, de la disciplina, de los hábitos correlativos de obediencia y mando que el tiempo hace instintivos, espontáneos y como naturales... Levántanse las naciones como las rocas y como toda obra de la naturaleza, sin arquitecto; y, al mirarlas por fuera, no sabe nadie cómo y porque [sic] existen o están de pie».

De ese proceso surgía el «carácter nacional», una «providencial, lentísima y generalmente perpetua obra que elaboran los siglos, mediante combinaciones topográficas, étnicas, económicas y políticas».

CÁNOVAS Y LA CONSTITUCIÓN

Cánovas del Castillo, por ser historiador, sabía bien que era la realidad la que creaba el derecho y no el derecho la realidad. Por ello, sustentó una original teoría constitucional que inspiraría el texto de 1876. En ella enunciaba la previa existencia de realidades políticas —la Nación, la Monarquía y las Cortes— que la Constitución no creaba y que sólo podía reconocer regulando sus facultades y funcionamiento. Cánovas contribuyó decisivamente a renovar y a dotar de contenido, por medio de las «verdades madre», a la doctrina de la Constitución interna o histórica, que acabaría fundamentando el sistema político de la Restauración.

Para Cánovas, la Restauración inauguraba una época de pactos, transacciones y comprensión mutua. El Loro, 3-junio-1882.

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Antonio Cánovas del Castillo, historiador consciente de las realidades de la política, plasmó en la Constitución de 1876 la concepción más depurada de la Constitución interna española, Biblioteca Nacional.

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