Durante el final de la dictadura franquista se multiplicaron los atentados de ETA. Aunque menos conocidas, en Cataluña también actuaron organizaciones de corte independentista. Como su antifranquismo había sido circunstancial, los terroristas continuaron su actividad durante la Transición democrática y más allá. Desde 1971 y hasta 1987, el FAC, EPOCA, Terra Lliure y ERCA cometieron siete asesinatos. El 7 de marzo de 1971 un guardia civil jienense inauguró la lista de víctimas. Su familia quedó desamparada por las instituciones y, con el tiempo, su figura ha caído en el olvido. Este artículo rescata su biografía.
Los guardias civiles José Álvarez Sánchez y Dionisio Medina Serrano estaban destinados al puesto de la estación de tren de La Sagrera (Barcelona). El sábado 6 de marzo de 1971 les tocaba el servicio nocturno, por lo que estuvieron trabajando desde las siete de la tarde hasta las siete de la mañana del día siguiente. De acuerdo con las declaraciones de Álvarez, recogidas en el sumario judicial, el turno se desarrolló «en completa normalidad». El comportamiento de su compañero también «fue absolutamente normal, como siempre, muy tranquilo».
Al terminar el trabajo, los agentes salieron de la estación y caminaron por la Bajada de la Sagrera. En conversación telefónica, la hija de Dionisio, María Dolores, indica que «solían tomarse un último café juntos» pero ese día su padre «tenía prisa porque quería pintar las paredes del piso» al que la familia se iba a mudar, así que la pareja se separó antes de lo acostumbrado. José Álvarez giró a la derecha para tomar el autobús de la línea 44 y el otro guardia siguió recto, en dirección a otra parada.
Poco después Dionisio pasó cerca de la Agencia de Recaudación de la Diputación Provincial de Barcelona, situada en la planta baja de los números 40 y 42 de la calle de La Sagrera. O bien el funcionario fue testigo de cómo una persona colocaba un bulto en la ventana de aquella oficina, o bien se dio cuenta de que había algo raro en ella. Fuera como fuese, se acercó a la Agencia. Eran las 7:30 horas. En ese instante se produjo la explosión.
La onda expansiva lanzó a Dionisio contra la pared de la vivienda situada en la acera de enfrente, a unos veinte metros. Su muerte fue instantánea. El periódico La Vanguardia del 9 de marzo informó de que había una gasolinera no muy lejos de la Agencia de Recaudación y de que sus empleados «acudieron rápidamente y trataron de prestar auxilio al guardia civil, pero este ya había fallecido».
El informe forense certificó que el cuerpo quedó totalmente destrozado: tenía amputadas las dos piernas y el antebrazo derecho. «De no ser por su documentación», se constata en las diligencias policiales, «hubiera sido imposible su identificación». Los artificieros calcularon que la potencia de la bomba equivaldría a dos kilogramos de TNT.
La onda expansiva lanzó a Dionisio contra la pared de la vivienda situada en la acera de enfrente, a unos veinte metros. su muerte fue instantánea