Para comprender el patrimonio industrial es esencial referirse a la Carta de Nizhny Tagil (2003), elaborada por el Comité Internacional para la conservación y defensa del Patrimonio Industrial (TICCIH). Este documento definió qué es el patrimonio industrial, destacó su valor histórico y social y subrayó la importancia de su protección, conservación y difusión. Fue una respuesta a la creciente preocupación por la desaparición de la industria tradicional en muchas partes del mundo.
Desde entonces, en España se han incorporado sus principios a leyes y planes de protección del patrimonio. Según el documento, el patrimonio industrial refleja actividades con un gran impacto histórico. Su valor no reside en la singularidad de cada objeto, sino en su significado colectivo incluso si se trata de bienes producidos en serie. Además, este patrimonio incluye tanto elementos materiales como inmateriales: conocimientos, cultura del trabajo y saberes populares. En un mundo globalizado, estos elementos ayudan a preservar la identidad local, resultando muy valiosos.
Pero, ¿qué sucede con las fábricas que ya no funcionan? Aunque no se pueda mantener viva una actividad industrial obsoleta, sí podemos otorgar nuevos usos a sus espacios. El reto está en frenar su deterioro y transformarlos en lugares útiles y significativos para el presente y el futuro.
Andalucía tiene una fuerte tutela patrimonial debido a la nutrida condición histórica y cultural de este territorio. Podemos decir que es un campo que está recogido en la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía (Parlamento de Andalucía 2007). En ella se define el patrimonio industrial como «un conjunto de bienes vinculados a la actividad productiva, tecnológica, fabril y de la ingeniería, en tanto que son exponentes de la historia social, técnica y económica de un lugar». En esta misma definición, la ley incluye que el paisaje asociado a estas actividades está también incluido en su protección. Aquellos parajes, espacios, construcciones o instalaciones con valores industriales del rango de Bien de Interés Cultural (BIC) incluidos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía, se clasifican con la tipología de Lugares de Interés Industrial.
Por lo anterior, debemos tener claro que, cuando hablamos de patrimonio industrial, no estamos hablando sólo de proteger construcciones por sus elementos arquitectónicos, sean singulares o no, sino de conjuntos con consecuencias en actividades históricas y en el paisaje. Así, este patrimonio emergente presenta una importante cuestión: ¿es posible y sostenible preservar el patrimonio industrial? Esta cuestión no tiene una respuesta inmediata, de hecho la casuística es tan amplia que sabemos que hay lugares ya protegidos y en funcionamiento, otros en vías de estarlo y otros muchos que presentan obsolescencia. Así que nuestro reto debería ser garantizar el cumplimiento de la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía y generar la estrategia necesaria para garantizar su sostenibilidad en el futuro: un nuevo reto para Andalucía.
Como arquitecta y andaluza, no han sido pocas las veces en las que me he detenido a observar nuestro patrimonio industrial, una arquitectura en ocasiones abandonada y otras rehabilitada y que forma parte del paisaje cotidiano de los andaluces. A diario convivimos con vestigios de la industria de la metalurgia, la producción textil, naval, alfarera o con las infraestructuras del transporte, el agua y la energía, entre otros. Su arquitectura nos ofrece espacios con escala monumental que reutilizamos como grandes lugares de convivencia para el deporte, la cultura, el espectáculo o la docencia, entre otros fines, pero no todos se encuentran en uso. ¿Dónde están aquéllos cerrados o abandonados? ¿Cómo evitar que desaparezcan? ¿Cómo lograr que las generaciones futuras los disfruten y conozcan? ¿Cómo y quienes trabajan en su conservación? Sin duda, hacer sostenible este patrimonio es todo un reto, más aún cuando albergamos un rico territorio pleno de huellas industriales.
Vista general de la celebración del Día del Cerco Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo.
Fotógrafo: José Manuel Castaño.
HACER SOSTENIBLE EL PATRIMONIO INDUSTRIAL. El reto de hacer sostenible el patrimonio industrial requiere una estrategia de equilibrio que garantice su tutela desde criterios de viabilidad económica, social y técnica. Para ello, es necesario documentar, investigar, formar e intervenir teniendo en cuenta tanto los bienes como los recursos disponibles. Documentar el patrimonio industrial andaluz, a medio plazo, supone una tarea enorme. Pensemos, por ejemplo, en el cierre de una fábrica conservera centenaria en 2025. Documentar su arquitectura, ingeniería, estado actual y evolución, además de catalogar su archivo y bienes muebles, registrar su impacto social, los cambios en el paisaje y la cultura del trabajo mediante entrevistas, requeriría una gran inversión de tiempo y recursos.