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Lo visible y lo olvidado

Paisajes en tensión en la Andalucía industrial

MARÍA ISABEL ALBA DORADO
UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

El patrimonio industrial ha adquirido, en las últimas décadas, una consideración de bien cultural con creciente importancia. La huella que las actividades de extracción, producción, transformación, transporte, distribución y gestión, generadas por los diversos sectores de la economía durante la revolución industrial, ha dejado en el territorio, en las edificaciones y construcciones industriales, pero también en la sociedad y en la cultura, ha desempeñado un papel importante en la conformación de nuevos paisajes.

Fábricas, minas, infraestructuras, viviendas, maquinaria, utillaje u objetos, junto con los testimonios relativos a la influencia de la cultura del trabajo en la sociedad, definen un patrimonio industrial cuyo conocimiento y estudio no es posible realizar de manera aislada, sino en el contexto territorial, social y cultural en el que se han desarrollado.

Esta dimensión paisajística de la actividad industrial otorga al término paisaje la adjetivación de industrial. El concepto de paisaje industrial es, en esta lógica, utilizado para referirnos a aquellos fruto de una cultura industrial de una forma amplia e integrada. Éste es el resultado de una realidad física, social y cultural que encuentra su reflejo en la historia, en la cultura y en los territorios y arquitecturas específicas creadas y manipuladas durante un pasado industrial.

Del territorio productivo al paisaje cultural. La industria, bien a través de su enorme capacidad transformadora -como ocurre con muchas de las actividades extractivas- o de sutiles, selectivas y puntuales intervenciones, ha configurado las pautas de muchos de los paisajes culturales más valiosos, imponiéndose en el paisaje y apropiándose de su identidad. 

En Andalucía nos encontramos con una gran diversidad de paisajes industriales debido a su extensión territorial y diversidad cultural, pero también a la dilatación en el tiempo de este proceso de industrialización. Este pasado industrial, que ha caracterizado y caracteriza a muchos de los territorios de nuestra comunidad autónoma, ha hecho que estos paisajes, en su diversidad, contemplen, entre otros, la configuración de unos sistemas espaciales complejos, a menudo de gran relevancia territorial, según su tipología, escala y lógica de implantación en el territorio. La síntesis de este peculiar proceso es la generación de una diversidad de paisajes que, a lo largo del tiempo, han ido conviviendo unos con otros. 

Así pues, las grandes explotaciones de materias primas como la minería a cielo abierto de Riotinto y Tharsis en Huelva; la explotación de hierro de Alquife en Granada y en localidades como El Pedroso y San Nicolás del Puerto en Sevilla; la minería de oro y plomo en Almería o de carbón en las localidades de Villanueva del Río y Minas, en Sevilla, y de Peñarroya y Belmez en Córdoba; de plomo en el entorno de Linares – La Carolina en Jaén, entre otras, convivieron con las tradicionales actividades agropecuarias como las correspondientes al sector aceitero presentes de forma destacada en Córdoba, Jaén y Sevilla; al sector azucarero, tanto de caña en la zona oriental de Andalucía (Málaga, Granada y Almería) como de remolacha en Sevilla; al sector bodeguero, presente de forma destacada en Cádiz, Córdoba y Almería; al sector conservero, con gran tradición en Almería, Puerto Real (Cádiz) y Ayamonte (Huelva); o el sector textil de Málaga. 

PATRIMONIO INDUSTRIAL

La industria ha configurado las pautas de muchos de los paisajes culturales más valiosos de nuestra geografía andaluza. Estos paisajes poseen un papel histórico, cultural e identitario de gran relevancia. Sin embargo, a pesar de su importancia como depositarios de una memoria colectiva y marco cultural de referencia, estos se muestran en la actualidad como paisajes abandonados y degradados. Esto hace que nos encontremos con un patrimonio frágil y unos paisajes que registran un estado de urgente reconstrucción. En consecuencia, este artículo es una invitación a conocer y poner en valor estos paisajes extraordinarios del patrimonio industrial de nuestra comunidad autónoma.

Minas de Tharsis, Huelva, Fuente: Laboratorio del Paisaje Industrial Andaluz.

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Junto a estas, además, se desarrollaron diversas actividades ligadas al sector cerámico y del vidrio repartidas por toda Andalucía; al sector químico y de cementos presentes en Huelva y Cádiz; al sector metalúrgico y de construcciones metálicas, con importantes ejemplos como las Fundiciones con Alto Horno de La Concepción de Marbella, en Málaga, la Fábrica de El Pedroso, en Sevilla, y con honda tradición histórica, en Cádiz; o al sector energético, con centrales hidroeléctricas distribuidas como hitos en el paisaje de la geografía andaluza. 

De igual modo, cabría destacar el efecto unificador de estos paisajes que llegó a constituir el ferrocarril a partir de su implantación generalizada en todo el territorio andaluz y que nos ha legado magníficos elementos como son las estaciones de la compañía MZA en Huelva, Sevilla y Córdoba, así como puentes, almacenes, material móvil o señalizaciones, por citar algunos. 

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