El 2 de octubre de 1835, Andújar se convirtió en escenario clave de la historia andaluza con la constitución de la Junta Central de Andalucía. Formada por representantes de todas las provincias y de distintos estamentos sociales, la Junta defendió una monarquía parlamentaria, propuso unas Cortes Constituyentes y se enfrentó al absolutismo carlista, dejando en la ciudad un legado político y simbólico de primer orden.
La muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833, abrió un período de incertidumbre política en España. Mantener el viejo régimen era inviable porque el llamado príncipe rebelde representaba lo más intransigente del absolutismo monárquico y caminar hacia el liberalismo —doceañista, radical o progresista— no era bien visto por el último ejecutivo del monarca.
Se diseñó entonces un camino intermedio: primero, negando los derechos dinásticos de Carlos María Isidro y convirtiendo a su hija, la pequeña Isabel, en nueva reina de España cuando contaba con apenas tres años, bajo la regencia de su madre, la viuda María Cristina; y, segundo, mediante la aprobación de una carta otorgada que dejaba al margen al sector político liberal y consagraba un sistema político carente de soberanía nacional, sufragio político, reconocimiento de derechos fundamentales y división de poderes.
PRONUNCIAMIENTO Y OBJETIVOS POLÍTICOS DE LAS PROVINCIAS ANDALUZAS. En verano de 1835 surgió en algunas provincias del norte, como Zaragoza o Barcelona, la llamada revolución juntera. Este movimiento llegó a Andalucía a finales de agosto de 1835, a cuyo frente se encontraban burgueses y colectividades ciudadanas que, descontentos con la política liberal moderada, buscaban una ruptura decisiva permitiendo la gestación de una junta de gobierno provisional en cada provincia andaluza, luego definitiva, y finalmente una Junta Central con sede en Andújar.
El ideario político de estas juntas provinciales de Gobierno se basaba en tres pilares: la defensa de los derechos al trono de Isabel II y la lucha contra los carlistas; la vuelta al Estado constitucional de derecho, rechazando el Estatuto Real; y la caída del Conde de Toreno, quien declaró por decreto de 3 de septiembre la ilegalidad de las juntas provinciales. A mediados de septiembre de 1835, el proyecto de creación de una Junta Central, con sede en Andújar, era ya una realidad pero, para desestabilizarla, el Gobierno de la Nación accedió a uno de los objetivos del ideario político de las juntas provinciales andaluzas: sustituyó como jefe del Gobierno al Conde de Toreno y, en su lugar, nombró a Juan Álvarez Mendizábal el 14 de septiembre.
ANDÚJAR, SEDE DE LA JUNTA CENTRAL DE ANDALUCÍA. ¿Por qué en Andújar? El mismo comandante José Espinosa, presidente de la provincial de Córdoba, lo había propuesto así con el ánimo de que el punto de reunión de la Junta no fuese ninguna de las capitales. Así lo explicó: «Hemos creído que conviene primero centralizar nuestras disposiciones y que, para ello, se reúna en un punto de Andalucía que parece ser Andújar el más oportuno».
Varias razones se han expuesto para permitir que Andújar entrase, de esta manera, con letras mayúsculas en un nuevo episodio de la historia de Andalucía: Andújar era un sólido enclave estratégico urbano, como puerta de Andalucía para con La Mancha y Madrid. Segundo, era un punto estratégico para la coordinación militar, con objeto de que se pudiese frenar el avance de las partidas carlistas que, provenientes de La Mancha, quisieran atravesar Despeñaperros. Por último, estaba en consonancia con el compromiso liberal y constitucional de la ciudadanía andujareña, así como su lealtad al trono.
Juntas de Cádiz y Málaga
23 de agosto de 1835
Junta de Granada
27 de agosto de 1835
Juntas de Jaén, Córdoba y Almería
29 de agosto de 1835
Junta de Sevilla
2 de septiembre de 1835
Junta de Huelva
4 de septiembre de 1835
La reina niña Isabel II y su madre, María Cristina de Borbón, de Joaquín Manuel Fernández Cruzado, Siglo XIX. Fuente: Facultad de Medicina de la Universidad del Cádiz.