La desaparición de los archivos empresariales no es una excepción: es, por desgracia, una constante. Para el estudio del patrimonio industrial andaluz, esta pérdida supone un obstáculo grave. Pero, ¿por qué sucede? Las razones son múltiples y persistentes. En primer lugar, muchas empresas no han valorado su documentación más allá de su utilidad inmediata. Cuando cesa la actividad o se produce un cierre, estos archivos —sin función operativa, ni responsables designados— se abandonan o destruyen.
Tampoco la administración andaluza ha desarrollado aún un plan específico que garantice su conservación. Aunque se han dado pasos en la integración de archivos privados en sistemas públicos, falta una normativa clara, procedimientos sistemáticos y personal especializado. La noción de patrimonio industrial como memoria colectiva de la sociedad sigue sin calar con fuerza suficiente.
Además, la investigación histórica reciente, centrada en enfoques más sociales y culturales, ha prestado poca atención a los aspectos documentales y materiales del hecho industrial. La falta de accesibilidad a estos fondos, sumada a la inexistencia de protocolos técnicos comunes, ha agravado la situación.
Por último, el pasado conflictivo del mundo del trabajo ha contribuido a la destrucción de numerosos archivos. La memoria del proceso industrializador en Andalucía aún no ha logrado articularse como una memoria compartida, capaz de trascender las diferencias entre actores sociales. Urge, por tanto, revertir esta tendencia antes de que el olvido se imponga definitivamente sobre un legado documental tan necesario como vulnerable.
Memorias en riesgo. La fragilidad y vulnerabilidad de los archivos empresariales es consustancial a su propia naturaleza y a los procesos mediante los cuales se generan. Cuando una empresa cesa su actividad, su archivo —a menudo concebido como herramienta útil mientras permanece la gestión— pierde valor práctico y queda expuesto al abandono o la destrucción. Sin embargo, aceptar esta pérdida no implica asumir que la memoria empresarial y social es irrecuperable.
Solemos considerar que los archivos de empresa constituyen la única fuente fiable para reconstruir la historia económica de una empresa, de una ciudad o incluso de un país. No obstante, esto invisibiliza otras memorias igualmente necesarias: las de los trabajadores, los contextos territoriales, los vínculos sociales, las redes locales. Es urgente ampliar la mirada más allá de la historia empresarial para construir una memoria social del mundo del trabajo donde confluyan todos los actores implicados, desde los cuadros directivos hasta el personal obrero, pasando por proveedores, transportistas, intermediarios y comunidades vecinas.
Cuando los archivos empresariales desaparecen, se pierde una parte valiosa de nuestra memoria industrial. Pero esa historia no vive solo en documentos: también en las voces de obreros, mujeres, barrios, objetos y relatos personales. Recuperarlos y documentarlos es esencial, especialmente cuando el archivo ya no existe. En este artículo, la Compañía Exportadora Española se convierte en un caso revelador de las múltiples huellas que conforman el tejido de nuestra memoria industrial.
Páginas del cuaderno escrito por María Luisa Ruiz, esposa de José María Abao. Colección privada.
La nave industrial de Bidones y Jabonería, inmueble propiedad del Ayuntamiento de Sevilla, Fotografía: Alejo Naranjo. Junio 2025.