La arqueología industrial es un enfoque relativamente reciente en comparación con el surgimiento y desarrollo de la disciplina arqueológica en sus conceptos más clásicos. Bajo esta premisa, nace en los años cincuenta del siglo XX en Reino Unido, espoleada y orientada a la salvaguarda de monumentos, principalmente estaciones de ferrocarriles y fábricas, del pasado industrial inglés. Este rico patrimonio industrial se encontraba seriamente amenazado ante los nuevos planes de desarrollo urbano de numerosas ciudades británicas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Tal fenómeno de preocupación y conservación por los restos materiales de dicho período industrial se debió, en gran medida, a la iniciativa de colectivos ciudadanos y asociaciones civiles que veían peligrar, cuando no desaparecer, los vestigios de ese pasado.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, especialmente en las décadas de los 60 y 70, la arqueología industrial fue tomando forma y dotándose, desde el punto de vista conceptual, de su armazón con desiguales resultados según los países y escuelas que concibieron diversos debates sobre su praxis, objeto de estudio o códigos, entre otras variables. En España, no será hasta inicios de la década de 1980 y comienzos del presente siglo cuando se produzca un desarrollo maduro, al evolucionar y conformarse desde sus principios metodológicos de formas diversas. Desde sus orígenes, el principal debate se centraba en delimitar qué debía considerarse patrimonio industrial y qué correspondía a la arqueología industrial. Dicha discusión, la cual ha generado una importante y prolífica bibliografía al respecto, no ha empezado a verse superada hasta fechas relativamente recientes. A lo largo de su desarrollo, la disciplina transitó desde una concepción centrada en la preservación, restauración y catalogación del patrimonio industrial hacia un horizonte más definido orientado, no solo a esas tareas, sino también a la generación de conocimiento histórico a partir de los restos materiales e inmateriales fruto de la industrialización iniciada a fines del siglo XVIII, proceso que, junto con las revoluciones liberales, dio origen a la era contemporánea.
La arqueología industrial surgió al amparo del proceso de valorización del legado material de las sociedades industriales tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. A lo largo de poco más de siete décadas, la disciplina ha permitido una profunda transformación en la comprensión y puesta en valor del patrimonio industrial, el cual contempla tanto aspectos materiales —fábricas o medios de transporte— como inmateriales —modos de producción o condiciones de la clase obrera, entre otros.
El caso de la demolición del pórtico de la Estación Ferroviaria de Euston (Londres), en 1962, fue paradigmático. Diseñada como la nueva puerta de acceso ferroviaria a la ciudad de Londres desde Birmingham, supuso uno de los primeros testimonios de la historia ferroviaria del país. De estilo victoriano alzada en el segundo tercio del siglo XIX (1835-1837) vio, con su desaparición, el consecuente desencadenamiento de movimientos de sensibilización en pro de la defensa de los restos materiales de esa época. Hechos como el mencionado favorecieron el desarrollo de un importante número de asociaciones por todo el país.
Muelle cargadero de la Cía, de Tharsis. Fuente: Ayuntamiento de Huelva.