Contra Babel es una obra para entender qué son las lenguas, cómo funcionan y por qué son importantes, especialmente en las sociedades actuales. Su amplitud, nitidez y tono divulgativo permiten al gran público una comprensión magnífica de los fenómenos en torno a las lenguas, como el aumento o la disminución de hablantes, o la mal llamada «muerte de las lenguas». Así, pone las bases necesarias para entender y enriquecer los debates acerca de los derechos y las políticas lingüísticas actuales.
Esta facilidad en su lectura resulta del proceso explicativo que parte de lo más básico —para no necesitar conocimientos previos—, hasta los asuntos más complejos —que trata con tanta precisión como claridad-. Una máxima fundamental que Manuel Toscano recomienda en estos debates es evitar hablar en abstracto, pues cada situación se ve determinada por sus circunstancias concretas. Por ello, Manuel no escatima en detallar los datos, conceptos y propuestas más relevantes para entender las principales disputas y posturas en dichas cuestiones, en las que lleva trabajando más de veinte años.
En un asunto con tantos malentendidos, manipulaciones, ideología y emociones desbocadas, Contra Babel mantiene un estilo aséptico que permite comprender el estado de las lenguas y su relación con las culturas, las sociedades y las políticas lingüísticas con la virtud de ajustarse a la realidad y al sentido común. El hilo argumental está en torno al valor de las lenguas y las consecuencias de su mala comprensión, por ejemplo, en los reduccionismos a una única dimensión de su valor. Las tres grandes concepciones del valor de las lenguas se deben a su consideración como medio de comunicación, como patrimonio cultural, y como seña de identidad entre sus hablantes.
Coscano, Manuel:
Contra Babel. Ensayo sobre el valor de las lenguas, Sevilla, Athenaica, Sevilla, 2024.
En sus páginas se aclaran qué causas y consecuencias se esconden en las metáforas y las políticas lingüísticas, además de valorar, por encima de todo, la libertad de los hablantes para decidir sobre su propia vida y su concepción de la «vida buena». Y es que las lenguas se ven afectadas eminentemente por las decisiones individuales que sus hablantes toman en función de sus deseos, creencias, emociones. Pero, sobre todo, en función del contexto, pues la comunicación no deja de ser un juego de coordinación estratégico en el que las expectativas, acerca de las acciones que harán otras personas, tienen toda la relevancia para tomar las decisiones propias.
Por ello, Toscano aporta instrumentos de análisis muy relevantes para comprender el estado actual de las lenguas en el mundo, criticando modelos desfasados y elogiando los que realizan mediciones más adecuadas a la realidad de dichas lenguas. Dicha información pasa por las estadísticas de diversidad lingüística de distintos continentes y países, hasta clasificaciones según el número de hablantes, su nivel de reconocimiento y protección a nivel legislativo o su nivel de estabilidad y seguridad a corto y medio plazo.
Datos que cualquiera, que desease aprender una lengua, querría saber antes de aventurarse a ello, incluyendo el coste que supondrá dicho proceso y los factores que influyen en que éste disminuya o aumente. Por supuesto, el conocimiento de una lengua no es puro e inamovible, sino gradual y relativo al interés de su uso: no se podrá afirmar que un perfecto y sobrado desenvolvimiento en un idioma para actividades cotidianas, como hacer una compra, es suficiente y posibilitante para escribir poesía.
En los capítulos finales, Toscano avanza por el espinoso asunto del nacionalismo lingüístico, donde continúa abordando principalmente los casos belga, canadiense y español para analizar en ellos los debates lingüísticos y políticos en torno a sus diferentes lenguas. Aunque durante todo el texto Toscano recurre al pluralismo de valores para mostrar los conflictos irresolubles entre objetivos, valores o bienes que impiden que se realicen simultáneamente, es en estos capítulos donde el análisis se vuelve hacia los intereses políticos en los discursos de quienes defienden posturas nacionalistas. Estas posiciones tratan de legislar el uso de las lenguas con el supuesto afán de protegerlas, restringiendo la libertad y espontaneidad de las personas, y generando desequilibrios forzados en territorios bilingües hacia una lengua. Se abre así el debate sobre quiénes son titulares del derecho y a qué tienen derecho: ¿las personas o las lenguas?
Contra Babel no pretende ser un libro polémico sino aclaratorio. Pero, al disolver tantas confusiones —involuntarias o intencionadas para manipular— acerca de las cuestiones normativas sobre el valor de las lenguas, es un libro que provee al lector del conocimiento suficiente para no ser engañado por concepciones erróneas y poder discutir cualquier noticia actual relacionada con el asunto.