Si se piensa en la fase de expansión de la corona de Castilla por el Atlántico, es poco probable que el lector no especializado considere la participación de catalanes, valencianos, baleares y aragoneses en dicho proceso. En el imaginario ha fosilizado el tópico de que aquella fue una empresa exclusivamente castellana y que la participación de los foráneos se limitaba, por los intereses financieros contraídos con la monarquía, a los grandes comerciantes genoveses, florentinos o flamencos. La extensión de esta idea se explica, en parte, por la distancia, a veces siento que sideral, entre la producción científica generada en universidades y centros de investigación, y la historia que se enseña en las etapas iniciales de la enseñanza y la que se difunde por otros medios. Pero no es menos cierto que, en este caso, la tradición historiográfica de los territorios de la antigua corona aragonesa ha prestado mayores atenciones a otras cuestiones y épocas históricas. Y, claro, la historia no existe si la historiografía la ignora. Al menos hasta ahora.
Royano Cabrera, Miguel: La comunidad mercantil de la corona de Aragón en la Baja Andalucía (1516-1556), Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2023, 470 p., 29 euros.
En efecto, el libro de Miguel Royano Cabrera, titulado La comunidad mercantil de la corona de Aragón en la Baja Andalucía (1516-1556) (Editorial Universidad de Sevilla, 2023), constituye una valiosa aportación. Fruto de la tesis doctoral del autor, esta investigación se inscribe en una tradición de estudios de largo aliento en el Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla. Su objetivo fundamental es la reconstrucción de la comunidad de mercaderes que, oriunda de la corona de Aragón, se instaló para desarrollar sus actividades económicas durante el reinado de Carlos I en las ciudades y villas de la Andalucía occidental, fundamentalmente en Sevilla, Cádiz y Jerez de la Frontera. Lo conciso del objetivo no desmerece la calidad de un trabajo absolutamente colosal. No me refiero a la extensión de sus 470 páginas, sino a la originalidad y ambición de las cuestiones planteadas y a la profundidad analítica de las respuestas ofrecidas. Royano ha sido capaz de integrar la esfera social y económica desde el abordaje de las trayectorias personales, familiares y comerciales de estos mercaderes en múltiples escenarios y aspectos. Todo ello, gracias a un trabajo arduo, sistemático y minucioso en los archivos históricos.
Gracias a este libro podemos conocer quiénes eran estos mercaderes y sus procedencias, cómo se instalaron en Sevilla o Cádiz y de qué forma se proyectaron por las Islas Canarias y América. Podemos descubrir también cómo se organizaron sus familias, desde las estrategias matrimoniales escogidas y la vida conyugal y sus intríngulis —infidelidades, violencia de género—, pasando por la descendencia y el papel de los padrinos, hermanos y primos en el marco de las relaciones familiares, así como también las últimas voluntades de los personajes. Royano se detiene en grandes familias, como la de los Forcadel o los Torregrosa sin olvidar, por supuesto, la vertiente económica. Este libro también se ocupa, pues, de la formación de las sociedades mercantiles, del acceso al crédito y de los medios de pago, de los fletes y los seguros marítimos; de la compraventa de textiles, de productos alimenticios con pescados como el atún, la sardina, el bacalao y el congrio, la carne y sus derivados, los cereales, el aceite y el jabón, el vino o la sal; de materias primas como la madera, el esparto y el cáñamo, el azogue y el alumbre, los colorantes, la brea y el metal; de manufacturas como ceras, cueros, azúcar, vidrios, libros y naipes, papel y utensilios de escritura, armas, herramientas y utensilios metálicos e instrumentos musicales; de mercancías de lujo, como el coral, las especias y las obras de arte; y, por supuesto, de la trata de esclavos. Esos mecanismos financieros e intercambios de productos proporcionaron retornos económicos que estos mercaderes reinvertían en bienes raíces —tierras y casas, fundamentalmente—, pero que también dirigían al refuerzo del capital social, con la búsqueda de mejores relaciones con la corona y la nobleza. Estamos, por lo tanto, ante una historia total de una comunidad de mercaderes convertida, por méritos propios, en un modelo de análisis historiográfico para otros grupos comerciales.