Entre Trebujena y Lebrija se conserva, junto al Caño del Yeso, el cargadero de las Horcadas, un surgidero que desempeñó un papel clave en la navegación del río Guadalquivir así como para los mercados del interior de la Península y las rutas comerciales marítimas del Atlántico y el Mediterráneo en época medieval y moderna. La Casa de la Contratación de Sevilla atendió en este paraje a los supervivientes de la expedición de la Especiería comandada por Magallanes y Elcano que completó la hazaña de la primera circunnavegación.
A finales de la Edad Media, el comercio europeo estaba marcado por las prominentes ciudades de dos grandes espacios económicos: el Mediterráneo, con un tráfico marítimo de abastecimiento de trigo y sal que dominaba las rutas marítimas; y el norte, donde la Hansa alemana consolidaba su influencia y poderío en mercados como el de la madera, los metales, la lana y los paños. Sin embargo, en la Europa atlántica comenzaron a definirse nuevos espacios comerciales con centros emergentes que transformarían las conexiones económicas del continente.
En este contexto, el eje Sevilla-Cádiz se convirtió en un núcleo clave del comercio andaluz, configurando una red que articulaba la producción local con el tráfico internacional. Sevilla se consolidó como el centro comercial y económico más dinámico de la Baja Andalucía, gracias a la fundación de industrias relacionadas con la producción de vino, aceite, sal y salazones de pescado que garantizaba un suministro constante de alimentos. También por una aristocracia local con un alto poder adquisitivo que, además de demandar constantemente productos de lujo, participaba activamente en la exportación de bienes. El papel de la capital hispalense no se limitó sin embargo al comercio regional, puesto que Sevilla se convirtió en la Baja Edad Media en un gran centro redistribuidor del tráfico comercial marítimo, conectando los mercados del norte de Europa, el Mediterráneo, Asia y las Indias con los del interior de la Península Ibérica.
Su hegemonía favoreció la expansión de otros enclaves costeros. Cádiz, en particular, experimentó un crecimiento notable al monopolizar el comercio con el Mediterráneo, Berbería y las plazas de soberanía portuguesa. Jerez de la Frontera desempeñó un papel parecido, aunque subordinado a Sevilla, con la comercialización de sus afamados vinos y en el abastecimiento del mercado regional. En el Puerto de Santa María, se combinó la actividad comercial con la pesca y, en algunos casos, con incursiones en las rutas atlánticas africanas, una dinámica que también caracterizaba a los puertos onubenses de Huelva, Palos de la Frontera, Moguer y Lepe.
Mapa de los términos de Sanlúcar y Trebujena en el siglo XVI elaborado por el autor.