La complejidad social derivada de la caída de Roma, la desestructuración y transformación de las formas de relación social, y la estructura económica será el primer reto. El cese de las grandes explotaciones mineras, como las de la toda Sierra Morena, se produjo aparejado a una caída de los niveles productivos que no podemos calcular pero que, sin duda, es más que evidente. Esto supuso también la reutilización y reciclado de muchos elementos metálicos pero, de ninguna manera, la paralización de la actividad minera. En los casos en los que se ha podido hacer algún estudio, como en Sierra Nevada o en el distrito de Linares-La Carolina, puede verse cómo existe una explotación abundante.
Los casos no son exactamente iguales, porque en Sierra Nevada se asiste a un abandono de la explotación durante la época imperial y una reactivación muy clara de la producción a partir del siglo V y, con toda seguridad, del VI. En el caso de Linares-La Carolina hay un claro declive, pero no un abandono total de las explotaciones. Se aprecia claramente un cambio en el patrón con explotaciones más pequeñas y, en ocasiones, más recónditas ligadas a los cambios en el poblamiento, la reocupación de antiguos oppida o la creación de asentamientos en altura. Puede verse muy claro en la transformación del mineral con escoriales en muchos asentamientos que indican, claramente, que hubo una atomización de la producción. Este fenómeno puede explicarse tanto por la huida de parte de la población de los procesos de formación del feudalismo y la existencia de ciertos vacíos de poder, como por la presencia de élites locales que fueron capaces de mantener o de crear mecanismos de control en una parte del campesinado y el territorio.
Entonces, los pequeños filones en zonas de sierra que no habían sido atractivos para la gran producción romana, recuperaron su interés en el contexto de una economía más local y, en buena medida, autárquica, con niveles productivos y de especialización en el trabajo mucho más bajos. Pero también, obviamente, fueron interesantes las antiguas explotaciones imperiales allí donde se desarrollaron. Buena prueba de ello es, como indicamos, la continuidad en el distrito de Linares-La Carolina con el surgimiento de nuevos lugares habitados ligados a las explotaciones mineras y a la metalurgia. En estos lugares, el problema principal para los arqueólogos es discernir qué labores son de época tardoantigua e incluso en qué escoriales coinciden también con el periodo visigodo. Esta situación es extrapolable a otros contextos andaluces, sobre todo los de la gran producción de toda Sierra Morena hasta Huelva (y obviamente Portugal). Se documentaron algunos restos en la comarca de Cala, en la concesión Zarina que, junto con otros indicios indirectos en Sotiel Coronada y Riotinto, harían pensar en una situación no demasiado diferente a la que se dibuja en Linares-La Carolina en cuanto a la ocupación, reocupación y niveles productivos.
El periodo medieval es, probablemente, el gran desconocido dentro de la actividad minera y metalúrgica, no solo en Andalucía sino en muchas otras regiones. La complejidad social y la potente actividad minera precedente en el caso de Roma, o sucesiva durante la época Moderna, hacen que esta actividad carezca a veces de la importancia que realmente ostentó. Faltan, sin duda, estudios específicos que permitan alzar un panorama lo más completo posible de este periodo que, como indicamos, tiene que enfrentarse a complejos desafíos.
Castillo y minas de Alquife (Granada).