La custodia de los documentos pasó a ser relevante cuando la nobleza se percató del poder que contenían. Esta sociedad privilegiada nos mostró la necesidad de contar con pruebas jurídicas ante las posibles reclamaciones de parientes que pretendían arrebatarles los títulos y las tierras. La búsqueda del beneficio económico y el prestigio social supuso una carrera por escalar lo más alto posible y ocupar los mejores puestos en la Corte, la Iglesia o el ejército. Los archivos y sus archiveros jugarían un papel fundamental en esta partida.
En la Baja Edad Media castellana tuvo lugar una profunda transformación en la sociedad nobiliaria que trajo como resultado la aparición de una nobleza nueva en la que confluían nacimiento, patrimonio y privanza. Algunos de estos nobles procedían de un origen familiar y patrimonial mucho más modesto, aunque lograrían afianzarse mediante enlaces matrimoniales, revueltas oportunistas y repartos de tierras en repoblaciones.
Los archivos nobiliarios. Conservar y aumentar el patrimonio de una gran casa nobiliaria generó una importante cantidad de documentos que los nobles reservaron con celo, ya que se trataba de testimonios fehacientes de la titularidad de sus posesiones. Los archivos de estas familias tomaron alto valor para una doble función: aportar documentos para pleitos de tenuta, juicios ante el Consejo de Castilla entre el noble que alegaba tener mejor derecho y la persona que tenía un mayorazgo o un título de nobleza, además de consolidar el prestigio de la Casa a través de la búsqueda de ancestros. Ambos procesos se compenetraban entre sí. Los procesos judiciales que tenían lugar ante el Consejo de Castilla, litigando por el goce y posesión de los frutos, rentas y preeminencias vinculados a un mayorazgo, llevaron a los nobles a solicitar a los encargados de sus archivos información sobre los documentos relacionados con sus titularidades. En el caso de los archiveros de los nobles, realizaron minuciosas investigaciones genealógicas para confeccionar pruebas que pudieran presentar en los pleitos. Dichas indagaciones buscaban, en el pasado familiar, los vínculos con los ancestros y el tiempo que sus descendientes venían gozando de los beneficios de los mayorazgos. Para esta tarea fue indispensable la toma de datos y la realización de árboles genealógicos que, en su mayoría, se encontraban en los archivos de la nobleza, arrojando información de dichas familias a lo largo de varias generaciones. Por tanto, los archivos de familias nobles se convirtieron en indispensables debido a que todos los datos volcados en los diversos legajos podían ser utilizados en un momento determinado por los distintos descendientes de los principales personajes de las familias con fines económicos y de prestigio. No hay que obviar que estos archivos pertenecieron a familias poderosas que disfrutaban de grandes e importantes propiedades y derechos; mostraban a una sociedad pleiteadora; presentaban toda una serie de demandas, desde las pruebas de hidalguías buscando la exención fiscal hasta la conservación de numerosas historias de la familia que les permitían demostrar la calidad del linaje y la relevancia de los miembros de la misma; justificaban propiedades y derechos, además de mostrar su estado civil y transmitir los procesos desamortizadores y desvinculaciones de mayorazgos.
Árbol genealógico de los señores de Nava- morcuende (1592).
Testamento de Leonor Méndez de Sotomayor (1539).