Columnas

Avenzoar, un médico universal de Al-Andalus

Conocido como Ibn Zuhr, este científico sevillano fue equiparable a grandes personajes como Rhazes o Avicena

Estaba destinado a ser médico. Como su padre y su abuelo, y como luego lo serían sus descendientes: hijo, hija, nieto, nieta y biznieto. Abu Marwan Abd al-Malik ibn Zuhr (1091-1162), originario de Sevilla y conocido como Ibn Zuhr entre los árabes y Avenzoar en el mundo latino, es uno de los médicos más universales que ha dado la España musulmana, equiparable a las grandes figuras islámicas de la época: Rhazes (865-925) y Avicena (980-1037). Fue el más brillante de la saga médica más extensa e importante de Al-Andalus, seis generaciones seguidas que resultaron testigos y partícipes activos de su historia durante dos siglos y medio. Su libro principal, el Kitab al-Taysir (Libro de la facilitación médica), fue texto de estudio obligado en escuelas y facultades de medicina tanto en el Oriente musulmán como en el Occidente cristiano, traducido al latín (Liber Theizir), durante el Medievo, el Renacimiento y hasta los confines del siglo XVIII.

MANUEL HERRERA CARRANZA
JEFE DE SERVICIO (JUBILADO) DE CUIDADOS INTENSIVOS Y URGENCIAS EN EL HOSPITAL UNIVERSITARIO JUAN RAMÓN JIMÉNEZ DE HUELVA
ESTEBAN MORENO TORAL
PROFESOR TITULAR DE HISTORIA DE LA FARMACIA Y LEGISLACIÓN FARMACÉUTICA EN LA FACULTAD DE FARMACIA DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA

A venzoar nació y vivió justo en uno de los momentos políticos más convulsos de Al-Andalus, el siglo XII, en el declive de los deslumbrantes pero débiles reinos de taifas desgajados del Califato Omeya de Córdoba y su sustitución por los imperios bereberes norteafricanos (Almorávide y Almohade). Estos pueblos del Magreb, monjes-guerreros ultraortodoxos de alma ruda y ascética, sucumbieron muy pronto a los encantos y refinamientos de la corte andalusí. En este escenario histórico, la biografía de Avenzoar fue como una noria, un viaje vital de ida y vuelta entre la gloria y el infortunio: ahora arriba, ahora abajo y vuelta a empezar.

La gloria: médico de la corte. Recibió una educación esmerada y completa: jurídica, religiosa y literaria, pero su gran vocación y afición era la medicina. Empezó su carrera profesional como ayudante y pasante de su padre, Abd l-Ala o Aboali, médico personal del emir almorávide Ali ibn Yusuf (1106-1145) quien, desde Marrakech (capital del imperio), hacía frecuentes estancias en la recién incorporada provincia de Al-Andalus. Su progenitor había sido médico de al-Mutamid, el anterior rey poeta sevillano recién depuesto. Primero le acompañaba en las visitas a los enfermos del palacio para después, poco a poco, sucederle por méritos propios hasta ser nominado también médico de cámara del soberano.

Comenzó con muy buen pie atendiendo al todopoderoso Alí ibn Yusuf de una otitis media purulenta que le provocaba un dolor tan insoportable «que deseaba morir, aunque fuese asesinado». Avenzoar diagnostica la enfermedad y la cura con instilaciones intraóticas de una decocción de bellota y cola de caballo, y posterior drenaje del pus con la ayuda del extremo blando de una pluma de ave. Fue la primera descripción de esta enfermedad y un éxito terapéutico que afianzó su prestigio ante la familia regia. 

Pero aquella corte estaba llena de peligros y trampas por el insaciable deseo de poder y la rivalidad entre codiciosos parientes, esposas, concubinas, validos, altos funcionarios, etcétera. Avenzoar, hombre amable y tranquilo sin más aspiraciones que la de ser médico, se veía envuelto sin quererlo en una maraña de constantes intrigas y conspiraciones palatinas. Como médico recorría libremente aposentos y alcobas para asistir a los enfermos y, claro, aunque se enteraba de todo no tenía más remedio que ver, oír y callar, pues la mayoría de las veces se jugaba su privilegiado estatus, incluso su seguridad. Muchos de estos detalles autobiográficos los relata él mismo en su obra cumbre de madurez, el mencionado Kitab al-Taysir que es, además, un retrato de la sociedad andalusí de su época.

Avenzoar fue médico del emir almorávide Ali Ibn Yusuf, quien le encarceló en Marrakech; su sucesor, el califa almohade Al-Mumin, le rehabilitó y restituyó en su cargo

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