Columnas
Jóvenes valores

Arte como expresión de poder

El uso de los tejidos en el Califato cordobés

JUAN ANTONIO BÁEZ GONZÁLEZ
UNIVERSIDAD DE MÁLAGA / TUTORA: DRA. MARÍA MARCOS COBALEDA

El arte, como fenómeno cultural, adquiere gran relevancia cuando se trata de comprender la mentalidad de una época determinada. Para el contexto medieval, cabe recurrir especialmente a las obras pertenecientes a las artes decorativas o suntuarias las cuales, a través de sus ricos materiales y su alta calidad estética, transmitían un mensaje de poder que los soberanos no dudaron en aprovechar a su favor. Sobre esta idea versa el presente artículo de divulgación que ofrece al lector información de gran interés para entender la importancia que adquirieron los tejidos en el mundo andalusí e, incluso, en los entornos foráneos.

El tejido fue fundamental entre las artes suntuarias andalusíes, tanto por la calidad de las obras como por la introducción de materias novedosas en la península ibérica. La ocupación islámica supuso una transformación de la práctica textil en su vertiente material. La fibra más utilizada fue la seda, por sus cualidades de suavidad y brillo, lo que se relacionaba con la importancia del coste de las manufacturas en la valoración de las artes suntuarias del periodo. En al-Andalus, el cultivo de la seda se introdujo desde los primeros momentos de la conquista. El oro también tenía un papel esencial en estas obras, pues se ejecutaban hilos de este rico material cuya alta demanda obligó a su importación desde África. De especial relevancia eran también los tintes o pigmentos empleados en los tejidos, puesto que determinados colores se relacionaban con un estatus concreto, además de denotar una idea de moda. Los más empleados en el mundo andalusí fueron el rojo, el amarillo y el azul. Para este último, se recurría a la importación del índigo que, dada su tonalidad más brillante e intensa, se empleaba en los tejidos más ricos. Por su parte, el amarillo derivaba de diversas plantas, como la gualda y el azafrán, cuyo cultivo se introdujo en la península ibérica precisamente en época islámica. Por su tono más dorado, lo más probable era que el azafrán se reservase a las obras de mayor coste y refinamiento.

EL MONOPOLIO DE LA FABRICACIÓN. En cuanto a la elaboración de las piezas textiles, es interesante el concepto de tirāz, de origen persa, que se traduce como «bordado». En un primer momento, identificaba a aquellos mantos destinados a la élite social que se bordaban con bandas decorativas. Por extensión, este término se acabó aplicando al taller en que se confeccionaban tales obras. El taller real trabajaba exclusivamente para el soberano, de modo que éste absorbió el monopolio de la producción, dado su control de la materia prima utilizada en estas obras (seda, pigmentos determinados, etc.), al igual que había tomado la institución de las cecas y de otros talleres de artes suntuarias, como la eboraria. Puesto que el ṭirāz era el espacio en que se fabricaban los tejidos destinados a la corte y a los regalos que el califa ofrecía a los soberanos de otros territorios, en él trabajaban importantes funcionarios del Estado y su dirección recaía sobre un alto cargo de estrecha relación con el gobernador.

Interior del Salón Rico o Salón Oriental de Madinat al-Zahrä', Córdoba, España (936-1010).

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