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Andalucía: la riqueza del genuino 'El Dorado' de la Antigüedad

Minería y metalurgia durante los siglos de dominación romana

LUIS ARBOLEDAS MARTINEZ
UNIVERSIDAD DE GRANADA

La actual Andalucía, que comprendía entonces gran parte de la provincia hispana de la Baetica y el extremo sureste de la Tarraconensis, no solo fue el granero de cereal, aceite, vino y productos del mar del mundo romano, sino también una fuente importante de metal. Éste tuvo un peso importante en la economía del estado romano, basada en la amonedación de oro, plata y cobre. 

La Península Ibérica fue, y continúa siendo, muy rica en toda clase de metales. Tal es así, que los autores clásicos consideraban a Iberia como  «EL Dorado». Gran parte de las referencias recogidas en la literatura greco-romana están dedicadas a resaltar la abundancia de metal de las tierras andaluzas.

Los romanos en Andalucía explotaron, fundamentalmente, oro, plata, cobre, plomo y hierro, si bien no todos se produjeron al mismo nivel y escala. Sólo se produjo, de manera masiva, plomo, cobre y plata, convirtiéndose en uno de los principales productores de estos tres metales de todo el mundo romano. 

El oro (aurum) andaluz procedería de los yacimientos secundarios auríferos de la provincia de Granada (minas del Hoyo de la Campana, Lancha del Genil y de Caniles), y los placeres fluviales de los ríos Darro/Genil y Galopón. Por su parte, la plata (argentum) se obtenía principalmente de las galenas argentíferas y la jarosita. La primera era muy abundante en las minas de Sierra Morena y las sierras almerienses. En algunos casos, presentaba un alto porcentaje (7-10 %) de plata por tonelada de plomo. El metal preciado por los romanos era la plata, el plomo (plumbum nigrum) era un subproducto. La jarosita fue  explotada en los yacimientos de la Faja Pirítica onubense y Sierra Almagrera de Almería.

Hispania fue el principal productor de cobre (cuprum) en la antigüedad procedente de minerales simples y complejos. En Andalucía, se localizaban los principales distritos cupríferos, Sierra Morena (Cerro Muriano, Fuenteobejuna o Linares) y la Faja Píritica onubense (Tharsis o Riotinto). Por último, el hierro (ferrum) indicaba Plinio que abundaba por doquier en toda Hispania. En el caso andaluz, destacan, sobre todo, las minas del Complejo Nevado Filábride y del entorno de Munigua.

PRIMERO BUSCAR Y LUEGO EXPLOTAR. La explotación de las minas y la producción del metal en Hispania están bien atestiguadas tanto en las fuentes escritas como en el registro epigráfico y arqueológico fosilizado en el paisaje. Los romanos, realmente, no emplearon técnicas o maquinarias nuevas. Su secreto fue mejorar los sistemas y métodos ya conocidos, sistematizando la explotación de las minas de todo el ámbito romano. Con ello, consiguieron alcanzar cotas de producción solamente superadas en época industrial, cubriendo así la necesidad de los metales demandados por el estado y la sociedad romana.

Recursos minerales

Las minas andaluzas se explotaron intensamente desde el siglo II a.C. hasta el siglo II d.C. alcanzando niveles de producción que sólo fueron superados a partir del siglo XIX. Su explotación se realizó bajo un régimen de concesiones controladas por el estado, muy similar a la actualidad. Esto provocó la llegada de personas de otras regiones para realizar negocios y la aparición de importantes sociedades mineras.

Mapa de distribución de las principales minas de Andalucía, Autor: Juan José López Martínez.

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En primer lugar, antes de explotar había que descubrir las minas. En muchas ocasiones, los romanos trabajaron las explotaciones mineras que ya habían sido abiertas en épocas anteriores. Las técnicas de prospección por norma general eran sencillas. Se guiaban por los signos externos del terreno, la existencia o inexistencia de vegetación, la coloración del terreno o la presencia de emanaciones gaseosas. Plinio ya señalaba que, «observando el color de las tierras, se localizarán fácilmente los yacimientos de hierro». En el caso de los yacimientos auríferos, la técnica más sencilla consistía en batear los placeres fluviales hasta lograr hallar los grandes depósitos auríferos. 

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