En mayo de 1960 salía a la luz en Córdoba la revista Praxis. Revista de Higiene Mental de la Sociedad. Durante unos meses se convirtió en una publicación de impacto en el debate público que, a trompicones, se abría en la España del segundo franquismo. Una iniciativa cordobesa se anticipaba en más de tres años a empresas clave en la historia cultural española para la comprensión histórica del lento despertar democrático; léase, por concretar, Cuadernos para el Diálogo. O, en la vida cordobesa, a la creación, por los mismos fautores de la revista, del Círculo Juan XXIII. La provincia andaluza era, y seguirá siendo en los años porvenir, un terreno duro, de alto riesgo en lo relativo a la continuidad para aquellas iniciativas que —como en este caso desde la actividad profesional relacionada con la salud mental y el bienestar, los derechos y las libertades de la ciudadanía— aparecían como resultado de las inquietudes de jóvenes intelectuales.
Destacaba entre las personas que dieron vida al proyecto la potente personalidad del psiquiatra José Aumente Baena, hombre clave en la renovación del andalucismo y, en general, de la historia de la Andalucía de la segunda mitad del siglo XX y en la España de la Transición. La nómina de colaboradores que consiguió atraer al proyecto —desde Carlos Castilla del Pino a José Manuel Arija, pasando por el padre Martín Arrizubieta o Nicolás Sartorius— nos da cuenta de la trascendencia de Aumente Baena en la conformación de una generación fundamental en el pasado reciente de Andalucía. Práxis consiguió por unos meses hacer realidad lo que pretendía: objetivar la realidad, y hacerlo desde un cristianismo que empezaba a propugnar un diálogo crítico —no le hacían ascos a los ‘esquemas dialécticos’— con el marxismo en la medida que este procuraba, como el Evangelio, la emancipación del trabajo.
Si la cuestión andaluza, y por extensión española, la de sus hombres y mujeres, se halla en el corazón y en la cabeza de los redactores de Praxis, esas mismas inquietudes llevaron a los impulsores de la revista a evidenciar que, incluso en los tiempos más oscuros, no hay cultura que se quiera liberadora que no proceda a interesarse por el mundo que nos rodea. Y ese, en la Córdoba de 1960, era tanto Colombia como Japón, pasando por el vecino, y en tantas cosas comparable, Portugal.