De este modo, por las páginas de la novela desfilan emperadores, papas, reyes y reinas, cuerdas, casquivanas o seductoras, como fueron Isabel I, Juana de Avís y Germana de Foix. Cardenales de una extraordinaria valía, destacando sobre todos a Jiménez de Cisneros, que profesó una lealtad absoluta a la Corona, pese a los resquemores que, en algunos momentos, le suscitó la conducta de don Fernando, tan afanado en lograr descendencia de su segunda esposa recurriendo a los más pintorescos remedios, que a punto estuvieron de acabar con su vida. Arzobispos y obispos que tuvieron un gran papel en el gobierno del reino, nobles de probada lealtad, entre ellos Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, y otros que hicieron de la traición su norma de conducta, como el duque de Nájera.
Descubridores y conquistadores que pululaban por la Sevilla del Renacimiento o por las bulliciosas ciudades portuguesas, luchando por el control de las rutas marítimas, comerciantes burgaleses o de Medina del Campo, monjes jerónimos y curas ladinos… Cultas y recatadas damas, entre ellas Beatriz Galindo, la Latina, y su cuñada Luisa de Retamares, monjas que adquirieron una notable influencia en la corte, como la Beata de Piedrahita… Y, como es natural, las gentes del común, como la recia caporal Margarita Torres que, pese a su condición de mujer guiaba rebaños y ¡entendía de latines y de Historia!, y mujeres de la vida, como la dulce Ginesa… En fin, un retrato fiel, también divertido, de una sociedad inigualable.
Las aventuras y desventuras de Rodrigo de la Cuesta por viejas ciudades de la nueva España que crearon los Reyes Católicos, como Burgos, Alcalá, Toledo o Sevilla, despiertan el interés y las emociones del lector, incluso del más versado en la historia del momento. Y esto es una de las muchas cualidades de esta novela histórica en la que se narran escrupulosamente los grandes acontecimientos que jalonaron aquel difícil y apasionante período de la historia peninsular y europea como fue el del tránsito de la Edad Media al de la Modernidad. No podría ser de otro modo, si se recuerda que estamos ante “uno de los autores que mejor nos traslada a épocas pasadas” (Onda Cero), “un referente de la novela histórica española” (El Periódico) y “Un gran historiador. Un excelente novelista” (J.J. Armas Marcelo).