Desde fechas inmediatas a su muerte, la figura de Gustavo Adolfo Bécquer fue adquiriendo una dimensión mítica alentada por quienes serían los primeros editores de su obra. En paralelo a ella, se forjó la leyenda que ha acabado por eclipsar a la figura histórica del poeta. Las herramientas de la 'nueva biografía' pueden ser útiles para descubrir al hombre desdibujado por el mito y devolverle la fisionomía moderna y compleja que le corresponde. Este artículo pretende contribuir a esta tarea, llevada ya a cabo cumplidamente por grandes especialistas como Robert Pageard, Jesús Rubio-Jiménez o Marta Palenque, entre otros, cuyas investigaciones vienen demostrando que existe una inmensa distancia entre el mito y la figura real del poeta. Asimismo, nuestra intención es trasladar estos conocimientos sobre la vida y obra del autor, enfrentando a quienes aún siguen difundiendo el imaginario de la leyenda becqueriana, profundamente arraigada en la conciencia colectiva y que desfigura la modernidad del escritor sevillano.
El ansia de transformación y ruptura característica de los primeros románticos envolvió al arte romántico en una pugna continua: se exaltó la emoción por encima de la razón, lo individual frente a lo colectivo, y la rebeldía frente a lo sistemático. Todo ello encuentra su fundamento en conceptos estéticos que adquieren nuevo protagonismo: lo sublime, lo misterioso, lo inefable. Sobre la base de esta nueva estética, y sustentado en la interioridad del sujeto romántico, se fue gestando un imaginario arquetípico de poeta sensible y reflexivo que solía sobreponerse con frecuencia a las personalidades reales de los sujetos históricos. Así ocurrió en el caso del poeta sevillano, cuya mitificación fue aderezada con calificativo de 'romántico', cuando las fechas de su biografía y producción poética no coinciden con las del Romanticismo como periodo literario. Gustavo Adolfo Bécquer nació en 1836, apenas ocho años antes del estreno del Don Juan Tenorio, obra que marca para numerosos estudiosos el fin del Romanticismo español. Por otro lado, su obra póstuma salió a la luz en 1871, tan solo un año después de la publicación de las dos primeras novelas de Galdós, el principal representante de la nueva tendencia realista, ya asentada para entonces en el panorama literario. No obstante, Bécquer sigue siendo incluido en el catálogo de poetas románticos y es asociado constantemente a un movimiento ya debilitado en su tiempo. Y es que, como afirmaba Juan Valera en 1854, el Romanticismo, como revolución, era a mediados de siglo una «cosa pasada y perteneciente a la historia», solo quedaban «los efectos de ella» en cuya onda expansiva cabe situar la poética becqueriana.