Columnas
Dossier

Reciclar y adornar en la vida y muerte

Nuestros ancestros prehistóricos y el uso de los moluscos marinos

JUAN JESÚS CANTILLO DUARTE
INSTITUTO UNIVERSITARIO DE INVESTIGACIÓN MARINA (INMAR) - UNIVERSIDAD DE CÁDIZ
DAVID CUENCA SOLANO
INVESTIGADOR DEL PROGRAMA RAMÓN Y CAJAL - INSTITUTO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIONES PREHISTÓRICAS DE CANTABRIA (IIIPC) - UNIVERSIDAD DE CANTABRIA
Desde el Paleolítico medio, hace unos 150.000 años, los moluscos formaron parte de la dieta de las sociedades prehistóricas, destacándose su relevancia en algunas zonas de la costa atlántica durante el Mesolítico. Sin embargo, su utilidad trascendió el ámbito alimenticio. A partir del Neolítico (hace aproximadamente unos 7.000 años), las conchas trituradas se incorporaron a la industria cerámica como desgrasantes para reducir la plasticidad de la arcilla o directamente para imprimir los bordes ondulados de los berberechos en las paredes, generando un tipo de cerámica denominada cardial (en honor al nombre científico de dicha especie —Cardium edule—). Además, han sido descritos por numerosos investigadores como herramientas de trabajo, contenedores de pigmentos, cucharas, lámparas portátiles, elementos de intercambio y, de forma destacada, como ornamentos personales. El análisis de las especies y todos estos usos es objeto de estudio de la Arqueomalacología, una disciplina científica integrada en el seno de la Arqueozoología que se dedica a interpretar el papel de los moluscos en las sociedades antiguas. Desde tiempos inmemoriales, la recolección de moluscos ha estado motivada por su valor como fuente de alimento. Estos organismos destacan por sus excepcionales cualidades nutritivas, que incluyen un aporte significativo de minerales y vitaminas, convirtiéndolos en un complemento ideal para cualquier dieta. Además, presentan la ventaja de ser un recurso de movilidad limitada en el sustrato donde habitan, lo que facilita su recolección sin la necesidad de sofisticadas herramientas ni de una cuidada planificación, como ocurriría en la caza de otros animales, especialmente los grandes herbívoros. A partir del Holoceno (últimos 11.700 años), muchas conchas de moluscos fueron desechadas tras su uso como alimento, formando grandes depósitos de basura que la literatura científica ha denominado concheros. Otras, especialmente las de los bivalvos (almejas, mejillones o conchas fina, entre otras), se reutilizaron en numerosas ocasiones como herramientas, aprovechando su consistencia, forma ergonómica y bordes. De ello se encarga una disciplina denominada Traceología o análisis funcional. Y, finalmente, otro grupo de conchas, normalmente gasterópodos (caracoles) no comestibles y escafópodos (popularmente conocidos como colmillos de elefante por su similitud), fueron recolectados post mortem en las playas para ser transformados en ornamentos personales. MÁS QUE DECORACIÓN. Entre los diversos usos de las conchas de moluscos, los ornamentos personales ocupan un lugar destacado. Su importancia como elemento identificativo e identitario de una persona, grupo o comunidad le confiere un valor excepcional para acercarnos a aspectos culturales, simbólicos y sociales.
Paleobiología

El estudio de los moluscos en contextos arqueológicos ha experimentado en los últimos años un notable desarrollo desde el punto de vista analítico. Ello ha permitido profundizar en la comprensión de la relación de las comunidades humanas prehistóricas con el medio marino. A través del análisis de los restos de moluscos, es posible obtener una destacada variedad de información sobre las especies recolectadas y, especialmente, sobre los múltiples usos que se les dieron, en particular a sus conchas.

Enterramiento femenino en el asentamiento neolítico de La Esparragosa (Chiclana de la Frontera, Cádiz), cubierto por un manto de almejas, como parte de un ritual funerario.

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En contextos arqueológicos, especialmente de la Prehistoria, es común encontrar ornamentos manufacturados empleando materias duras como dientes, huesos, minerales, marfil, fósiles y, especialmente, conchas de moluscos. Algunos de estos hallazgos se remontan al Paleolítico, lo que evidencia una tradición que se mantuvo vigente a lo largo de toda la secuencia del Paleolítico superior (40.000- 10.000 antes del presente), en el Mesolítico (10.000-7.000 antes del presente) y posteriormente en el Neolítico (5.500-3.300 antes de Cristo) y Calcolítico (3.300-2.200 a.C.).
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