El signo notarial, ubicado generalmente a la izquierda de la suscripción, fue uno de los elementos más consolidados en la validación documental, es decir, otorgaba autenticidad al documento. Cada signo era único e intransferible para cada notario, aunque normalmente compartían características similares. El signo se eleva sobre una peana escalonada a modo de calvario que soporta una cartela central. En el interior de cada tramo el notario solía introducir algunos datos personales, como el nombre, el título notarial, el cargo o los beneficios eclesiásticos que poseía. Desde finales del siglo XV, y sobre todo a comienzos del XVI, se volverá muy común entre los notarios apostólicos utilizar algún lema en latín con el que se sentían identificados de algún modo, como el notario de la imagen Francisco de Alfaro, Hec est vitoria que vincit mundum, fides nostra (Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe). El signo era coronado por una cruz, símbolo universal del cristianismo, que se encontraba flanqueada por unas llaves en sotuer indicando la autoridad apostólica del cargo que desempeñaban. En cuanto a la suscripción, podemos hallar información interesante sobre la confección del documento, si el notario estuvo presente cuando se desarrolló el acto, la redacción de la nota o minuta antes de expedir el documento en pública forma o si fue él mismo quien escribió de su propia mano el documento o delegó en otro esta responsabilidad. Por último, la suscripción finaliza con la rúbrica del propio notario.