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Los caballos de Andalucía

La historia singular de un legado milenario

JENNIFER A. LEONARD
INVESTIGADORA DE LA ESTACIÓN BIOLÓGICA DE DOÑANA – CSIC
Aunque los vehículos motorizados han reemplazado a los caballos en muchas de sus funciones tradicionales, estos nobles animales siguen desempeñando un papel fundamental en la vida andaluza contemporánea. Hoy en día, los caballos andaluces brillan en múltiples escenarios: desde las competiciones ecuestres de élite, donde participan en pruebas olímpicas de doma clásica, hasta las manifestaciones más profundas de la cultura y la espiritualidad local, como la emblemática Romería del Rocío. Son parte integral de la economía regional, atrayendo a turistas de todo el mundo que desean experimentar la rica tradición ecuestre andaluza, ya sea mediante paseos a caballo por las marismas de Doñana o asistiendo a exhibiciones de doma vaquera. Los fines de semana, los caballos siguen siendo compañeros inseparables de muchas familias andaluzas, manteniendo viva una conexión milenaria entre el ser humano y estos extraordinarios animales. RAZAS ANDALUZAS, RICA HERENCIA. Andalucía se enorgullece profundamente de sus caballos. Entre ellos destaca el elegante Cartujano, una raza criada hace cientos de años para el combate y que hoy sigue siendo fundamental en la doma clásica. También cuenta con el rústico caballo de las Retuertas, un caballo de aguante y resistente procedente de las marismas de Doñana, y posiblemente el origen de los caballos que llevaron los conquistadores al Nuevo Mundo. Los caballos han desempeñado múltiples papeles en Andalucía, desde los más nobles y elegantes hasta los más ordinarios y funcionales, sirviendo como símbolo de estatus para la realeza y los guerreros, e incluso como materia prima para la fabricación de cola. Pero, ¿de dónde vinieron estos caballos? La historia de los caballos en Andalucía se remonta a la Edad de Hielo (entre 11.000 y más de 2 millones de años antes del presente). Durante este período, el caballo salvaje, Equus ferus, ancestro silvestre del caballo doméstico, poblaba toda la Península Ibérica. En aquella época, gran parte de Iberia estaba cubierta por extensas estepas, un hábitat ideal para los caballos. Estas praderas abiertas formaban parte de un corredor continuo de hábitats similares que se extendía a través de Eurasia hasta Norteamérica, conectada entonces con Asia por un gran puente terrestre desde Alaska, expuesto por el descenso del nivel de los océanos durante los períodos glaciales. Los estudios genéticos de caballos del Pleistoceno, como los análisis paleontológicos más tradicionales, revelan que estas condiciones favorables permitieron el desarrollo de poblaciones muy numerosas. El tamaño fluctuaba en respuesta a los cambios climáticos: aumentando durante los períodos más fríos cuando las estepas se expandían, y disminuyendo durante los períodos más cálidos cuando los bosques reemplazaban a las praderas. Como herbívoros abundantes, los caballos desempeñaban un papel ecológico crucial en estos ecosistemas. Eran una presa importante para los grandes carnívoros de la época, incluyendo leones, que entonces habitaban Europa, así como lobos y, por supuesto, los grupos humanos que cazaban en estas extensas praderas. Los análisis genéticos del ADN de restos óseos de esas épocas han revelado que estos caballos antiguos poseían una gran diversidad de linajes, con poblaciones bien diferenciadas a lo largo de este vasto territorio. Durante las glaciaciones, la Península Ibérica actuó como refugio para numerosas especies, así como para linajes bien diferenciados de especies de amplia distribución. Este fue el caso del caballo, y como resultado de este aislamiento en la península, los caballos del Pleistoceno (hace más de 11.000 años) eran en genéticamente diferentes de los caballos salvajes del resto del mundo.
Paleobiología

De todos los animales que el ser humano ha domesticado para su servicio, el caballo fue uno de los últimos en unirse a nuestras sociedades, pero su impacto ha sido extraordinario. Mientras que ovejas, cabras y vacas ya pastaban junto al ser humano hace unos 10.000 años o más, el caballo no se domesticó hasta hace unos 5.500. Sin embargo, una vez domesticado, su influencia transformó las sociedades humanas. Los caballos revolucionaron la agricultura, permitiendo cultivar áreas más extensas. En la guerra, cambiaron para siempre la forma de combatir. En la sociedad, se convirtieron en símbolos de poder y prestigio, desde los carros de guerra de la Edad del Bronce hasta los elegantes caballos de doma de la actualidad. El caballo ha dejado una huella profunda en muchos aspectos de la historia humana.

Caballo cartujano, raza elegante y destacada de Andalucía.

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