Columnas

Entre la pobreza y la picaresca

Los niños de la posguerra franquista (1939-1952)

Los niños de posguerra comían pan negro, dormían en cuevas y tenían sabañones y piojos. No iban a la escuela porque muchos ni siquiera tenían zapatos y trabajaban en el campo o en las casas para ayudar a sus familias a salir hacia adelante. Durante la década de los cuarenta, tiempo de represión y hambre, los menores españoles padecieron todo tipo de penurias. Fueron víctimas de la miseria que trajo la autarquía de posguerra, especialmente los hijos de las familias más humildes y desestructuradas por la contienda. Ante aquella situación crítica, desarrollaron distintas estrategias para sobrevivir tanto material como emocionalmente. Los menores recurrieron a la picaresca para hacer frente a la pobreza.

GLORIA ROMÁN-RUIZ
UNIVERSIDAD DE GRANADA
La miseria de posguerra alcanzó tanto a los niños de las ciudades como a los de los pueblos, especialmente a los del sur peninsular. Los niños de posguerra pasaron hambre. El racionamiento infantil, que equivalía al sesenta por ciento de los alimentos que correspondían a los varones adultos, era insuficiente y de muy mala calidad. La caída del poder adquisitivo, como consecuencia del desempleo, los jornales de hambre y los precios prohibitivos empobreció a muchas familias que acabaron habitando en infraviviendas. Los niños de las cuevas vivían hacinados y en condiciones insalubres. Además, iban semidesnudos y descalzos buena parte del tiempo. Debido a la malnutrición, la falta de ropa de abrigo y los déficits de ventilación e higiene en los espacios que habitaban, muchos menores contrajeron enfermedades respiratorias e infectocontagiosas como la tuberculosis, el tifus o el paludismo. Otros padecieron dolencias carenciales como el Síndrome de Vallecas, que ocasionaba calambres musculares debido a la ausencia de vitamina B; el tracoma, causada por carencias de vitamina C; o el raquitismo, provocada por la falta de vitamina D que proporcionaban alimentos como el pescado. Muchos enfermaron con diarreas tras consumir alimentos en mal estado como las patatas, que ingerían en purés. Por todo ello, los niños de posguerra dejaron de crecer al ritmo al que lo habrían hecho en condiciones normales. Muchos murieron antes de haber cumplido el primer año de vida.

Niños descalzos en una de las Cuevas del Camino de Marín (Almería, 1943).

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Niñas comiendo en el Sacromonte (Granada, 1952). Colección Alan Lomax, American Folklife Center, Biblioteca del Congreso de EEUU. Cortesía de la Association for Cultural Equity.

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Debido al empobrecimiento generalizado, los niños se vieron obligados a trabajar en el campo con sus padres o en las tareas domésticas con sus madres para contribuir a la economía familiar. Otros se emplearon en comercios, como chicos de recados o como vendedores ambulantes en las calles. Muchas chicas entraron a servir en casas de familias pudientes únicamente a cambio de cama y comida. Los que quedaron en una situación más vulnerable se vieron obligados a mendigar por las calles y las plazas. A las chicas se les presentó la alternativa de prostituirse a cambio de unas pocas pesetas, con el consiguiente riesgo de contraer enfermedades venéreas. En consecuencia, dejaron vacíos los pupitres de las escuelas. Algunos menores hicieron el esfuerzo de trabajar de día y de asistir a clases de noche, pero otros muchos no aprendieron nunca a leer ni a escribir. Muchos fueron víctimas de malos tratos y de abusos en el contexto familiar, que había quedado desestructurado como consecuencia de la Guerra Civil, o bien en los centros de internamiento en los que acabaron tras haber quedado huérfanos o haber sido abandonados como resultado de la contienda. Todo ello los llevó a asumir responsabilidades prematuramente. En aquel contexto crítico, no faltaron los jóvenes que no hallaron más salida que embriagarse para soportar tanta penuria. Por tanto, los niños de la posguerra franquista fueron pequeños sin comida, ropa, calzado u hogar que, además, carecían de salud e instrucción. Muchos se habían quedado solos tras la guerra. De ahí que las calles y las plazas de los pueblos y las ciudades se colmasen de niños trabajadores, niños mendigos y niñas prostitutas.
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