Los niños de posguerra comían pan negro, dormían en cuevas y tenían sabañones y piojos. No iban a la escuela porque muchos ni siquiera tenían zapatos y trabajaban en el campo o en las casas para ayudar a sus familias a salir hacia adelante. Durante la década de los cuarenta, tiempo de represión y hambre, los menores españoles padecieron todo tipo de penurias. Fueron víctimas de la miseria que trajo la autarquía de posguerra, especialmente los hijos de las familias más humildes y desestructuradas por la contienda. Ante aquella situación crítica, desarrollaron distintas estrategias para sobrevivir tanto material como emocionalmente. Los menores recurrieron a la picaresca para hacer frente a la pobreza.
Niños descalzos en una de las Cuevas del Camino de Marín (Almería, 1943).
Niñas comiendo en el Sacromonte (Granada, 1952). Colección Alan Lomax, American Folklife Center, Biblioteca del Congreso de EEUU. Cortesía de la Association for Cultural Equity.