José Cuesta Monereo nació en Jaén el 5 de diciembre de 1895. De vocación militar muy temprana, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo de la que salió como segundo teniente en 1913. Tras unos primeros años de formación militar, en destinos peninsulares, realizó cursos en la Escuela Superior de Guerra de Madrid, ascendiendo a capitán de Estado Mayor en 1920. Participó, como otros muchos compañeros, en la campaña de Marruecos, encontrándose en el norte de África entre los años 1924 y 1925.
Fue en los años treinta, y más concretamente con la proclamación de la II República, cuando este militar asumió papeles de mayor peso específico dentro de la institución a la que pertenecía. Nada más producirse el cambio de régimen, en 1931. Cuesta Monereo fue destinado como ayudante de campo del general Miguel Cabanellas Ferrer. Este militar había sido nombrado jefe de la Capitanía General de Sevilla (15 de abril - 3 de junio de 1931), La relación de Cuesta con Cabanellas tuvo que ser intensa, continuando en su puesto de ayudante cuando el general pasó a desempeñar el cargo de director general de la Guardia Civil (3 de febrero-15 de agosto de 1932).
CUESTA Y EL 10 DE AGOSTO DE 1932. En este puesto Cuesta Monereo vivió sus primeras experiencias conspiradoras. El papel del general Cabanellas en la trama organizada para sublevar el Ejército el 10 de agosto de 1932 es complejo. Desde un primer momento hubo dudas sobre la implicación del general en esta conjura, si conocía los hilos de la acción de fuerza que se desarrolló, o si era uno de los militares que se mantenía a la sombra.
Si algo caracterizó aquella acción fue su falta de sigilo. Manuel Burgos Mazo, uno de los políticos implicados, efectuó varios viajes a la capital de España previos al 10 de agosto de 1932. En uno de ellos, intentó entrevistarse con los generales Sanjurjo, Goded y Cabanellas, sin poder lograrlo debido a la vigilancia a la que estaban siendo sometidos estos militares por los servicios de información gubernamentales. Con todo, gracias a la propia documentación conservada en su archivo, sabemos que en aquel viaje Burgos mantuvo contactos con el comandante Cuesta Monereo. Según esta documentación, Cuesta informó al político, que Cabanellas creía posible la cooperación de la Guardia Civil en el golpe, aunque no iba a abanderar la iniciativa de la acción.
La madrugada del 10 de agosto se sublevaron algunas unidades madrileñas. Por la mañana, lo hacían en Sevilla, después de que el general Sanjurjo consiguiera tomar el poder de la Segunda División Orgánica y lograra la resignación de su titular, el general González Gonzales. Ese día el capitán Cuesta Monereo se encontraba en Sevilla. Incluso se le puede ver en alguna de las fotografías tomadas en aquellos momentos por parte de los periodistas gráficos. Los movimientos de este militar durante el 10 de agosto son, cuanto menos, confusos o incluso sospechosos, especialmente cuando aquella mañana se entrevistó con el gobernador civil de la provincia, Eduardo Valera Valverde, quien posteriormente sería destituido por el Gobierno a la vista de su dudoso comportamiento.
Extrañamente, al margen de su proximidad en la acción, Cuesta Monereo salió indemne de aquel intento involucionista, no apareciendo su nombre en los extensos listados de militares a los que la República abrió expedientes judiciales para la determinación de sus responsabilidades. Pero las dudas del papel jugado en la acción por parte de su jefe, indujeron al Gobierno a cesar de su cargo a Cabanellas, apenas cinco días después de aquel suceso.