Cuando ojeamos los estudios sobre períodos del pasado aparecen nombres de arquitectos hombres. También hubo reyes y grandes nobles, en su mayoría varones, como mecenas de la arquitectura. Y a primera vista no extraña, pues estamos habituados a asociar la arquitectura con una faceta eminentemente masculina. Pero... ¿las mujeres contribuyeron a la arquitectura del pasado? ¿Hubo mujeres arquitectas? Al igual que sus colegas varones, el mecenazgo arquitectónico ejercido por ellas podía ser una simple aportación de dinero, pero no fue nada infrecuente implicarse y dar instrucciones. Promocionaron de este modo tipologías, estilos y artistas. No había que ser reina o de alto linaje, pues también documentamos mujeres de diferentes estratos, a veces con una pequeña capilla o, simplemente, gestionando y llevando a cabo obras y adaptaciones en su propia casa. Así que si estudiamos con perspectiva de género cualquiera de nuestras ciudades descubrimos a mujeres de toda índole interviniendo de diversa manera en la arquitectura. Un pequeño barrido por el patrimonio arquitectónico andaluz nos permite apreciar lo que se le debe a las mujeres.
Es lógico que en una sociedad impregnada por la fe destacara el mecenazgo de hombres y mujeres en obras religiosas. Ellas no escatimaron en esfuerzo. Beatriz Pacheco (t1511), duquesa de Arcos, fundó y aprobó las trazas y condiciones de un monasterio de franciscanos en Arcos de la Frontera (Cádiz). Elvira Enríquez de Luna (t1512) marquesa de Priego, ordenó la edificación de una iglesia o ermita en Montilla (Córdoba) que debería incorporarse al hospital. Teresa Enríquez de Alvarado, prima hermana de Fernando el Católico, impulsó el Convento de las Concepcionistas Franciscanas en Almería, conocido como 'el Convento de la Puras'. María Manrique de Lara (t1527), duquesa de Terranova, fundó y dejó instrucciones para el Monasterio de San Jerónimo en Granada, especialmente su capilla mayor. Catalina Fernández de Córdoba (t1569), II marquesa de Priego, impulsó la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora del Soterraño de Aguilar de la Frontera (Córdoba), específicamente la prolongación de la nave principal y la ampliación de dos naves laterales. Leonor Manrique de Sotomayor, condesa de Niebla, que desde 1558 hasta 1570 gobernó los estados de la Casa de Medina Sidonia, promocionó varios conventos dominicos en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).
Cada una de estas nobles mujeres llevó a cabo más obras, pero no se trata ahora de hacer un listado exhaustivo, sino de llamar la atención sobre el papel de constructoras de muchas de ellas por toda la geografía andaluza. No siempre procedían de linajes de alcurnia como los casos que he señalado, pero su labor de mecenazgo no desmereció en absoluto, como es el caso de Catalina de Berrio, quien fundó con éxito en 1562 el Monasterio de la Concepción Dominica en Jaén. A partir de su imponente casa, hizo las adaptaciones necesarias para transformarla en convento, además de erigir iglesia y coro. Ella aplicó los nuevos dictámenes de Trento, por ejemplo con la eliminación del locutorio, y volcó su fortuna en este edificio, pues su destino era vivir en él y acoger a mujeres de su linaje. Como tantas otras, dio claras instrucciones para poner las armas de su linaje en el arco toral de la capilla mayor y en su retablo, al igual que hacían sus colegas varones.