Columnas

La mujer como objeto de disciplinamiento social

El Patronato de Protección a la Mujer en Sevilla

Tras la Guerra Civil, el Estado franquista se impuso el deber de disciplinar a la mujer española en los nuevos valores del régimen. Como salvaguarda de la moral y de las buenas costumbres, la mujer fue sometida a una intensa labor de vigilancia que, en último término, llevó a la creación de instituciones que, como el Patronato de Protección a la Mujer, actuaron como agentes correctores de cualquier desvío. En este artículo nos proponemos dar cuenta de la actividad de esta institución en Sevilla, y recuperar las vivencias de varias internas gracias a la documentación existente en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla. 

SARA MADRIGAL CASTRO
IES DIAMANTINO GARCÍA ACOSTA, SEVILLA
"La finalidad del Patronato será la dignificación moral de la mujer, especialmente de las jóvenes, para impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la Religión Católica". Así define el artículo cuarto del Decreto de 6 de noviembre de 1941 el objetivo fundacional del Patronato de Protección a la Mujer, una institución ligada originalmente al tráfico ilegal de mujeres entre España y el continente americano creada en 1902 con la denominación de Real Patronato para la Trata de Blanca, suprimida con el advenimiento de la II República, y recuperada por el régimen franquista después de la Guerra Civil española. Dirigido al disciplinamiento social de las jóvenes españolas en los valores del nacional-catolicismo triunfante en la contienda civil más sangrienta de la historia de España, el Patronato resucita gracias a la unión de los poderes del Ministerio de Justicia, entonces bajo el mando del carlista Esteban Bilbao, y de la Iglesia Católica, dirigida en España por el entonces arzobispo de Toledo Enrique Pla y Deniel, conocido por su carta pastoral Las Dos Ciudades, en la que parte de la tradicional dicotomía agustiniana para justificar teológicamente la sublevación de julio de 1936. Con Carmen Polo, esposa del general Franco, como presidenta honorífica el Patronato contó con la colaboración de autoridades civiles, cuerpos de seguridad del Estado y especialmente de órdenes religiosas femeninas (Adoratrices, Oblatas, Cruzadas Evangélicas...), en cuyas instalaciones eran confinadas las internas en un clima opresivo y correccional no exento de conflictos internos e intentos de fuga. El ingreso en los centros dependientes del Patronato podía articularse a través de varias vías: denuncias, no necesariamente demostradas, de particulares o familiares; redadas policiales en lugares considerados sospechosos o en plena calle por conductas tipificadas como inmorales; a petición de autoridades civiles o religiosas, y por solicitud propia. Oficialmente, el Patronato atendía a mujeres entre los 16 y los 21 años, aunque no era infrecuente la presencia de chicas de 12 hasta 25 años. La variedad de perfiles de las internas hace que podamos encontrar datos de prostitutas; madres solteras; víctimas de abusos sexuales, habitualmente en el seno familiar, o mujeres consideradas rebeldes por la autoridad paterna. Pero ,¿cuáles fueron con exactitud los objetivos del Patronato? El ideal femenino del Franquismo, la mujer española, católica y, sobre todo, madre amantísima, convirtió a la mujer en salvaguarda de la moral y de las buenas costumbres del hogar, de ahí su vigilancia constante por parte de las autoridades. Cualquier atisbo de desviación de este propósito primordial para la correcta edificación del régimen debía ser inmediatamente corregido por instituciones como la que nos ocupa, donde esas ramas torcidas serían enderezadas a través de la reeducación en los valores hegemónicos y de una formación laboral básica para su posterior reinserción productiva en la sociedad.

Talleres de corte y confección dependientes del Patronato.

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Junta Provincial del Patronato de Protección a la Mujer, C/ Alberto Lista, n° 12

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