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La escultora Luisa Roldán (1652-1706)

Artista y emprendedora en la España del siglo XVII

LORENZO ALONSO DE LA SIERRA FERNÁNDEZ
DOCTOR EN HISTORIA DEL ARTE
Sin lugar a duda, la escultura espanouna de sus más destacadas representantes. Al margen del hecho de ser una de las pocas mujeres que tuvieron ocasión de poder manifestar su valía como artista, la calidad de sus creaciones hizo que gozase de gran fama en vida y que su memoria no se borrase a lo largo de los siglos posteriores, perdurando hasta nuestros días, al contrario de lo ocurrido con tantos artistas que han permanecido y permanecen en el anonimato hasta que los trabajos de los investigadores los rescatan y reivindican. Pero la fama de Luisa Roldán ha sido una hoja de doble filo, pues si bien nunca ha dejado de ser valorada y admirada, ha sufrido algunos tópicos y clichés que la encasillan en un supuesto "modo de hacer conforme a su condición femenina", engrosando su catálogo con no pocas creaciones en las que ha primado la intención de enviar al observador un mensaje cargado de dulzura y encanto. Igualmente, se ha creado todo un mito sobre la relación con su marido, su supuesta inferioridad profesional y los consiguientes celos. Estos planteamientos encuentran un apoyo ideal en las encorsetadas condiciones de marginación que han sufrido a lo largo de la historia y siguen sufriendo las mujeres, que también en aquellos tiempos limitaban su autonomía personal y laboral. Es por ello que tanto la literatura como los medios audiovisuales se han ocupado de su atractiva personalidad, si bien no siempre se ha sido fiel al rigor histórico, en favor de un relato más dramático y novelesco, carente muchas veces del rigor científico que aporta la documentación. En nuestros días esta situación ha dado un giro muy notable y son muchos los especialistas que se han ocupado de estudiar a Luisa Roldán y su producción con el mayor rigor. Gracias a ello podemos acercarnos cada vez con más precisión a la realidad de su biografía y de sus creaciones, perfilando así la auténtica dimensión de su papel en el panorama de la escultura española del pleno barroco. Nacida en Sevilla el 8 de diciembre de 1652, sus capacidades encontraron el mejor marco para desarrollarse en su propio ámbito familiar pues su padre, el prestigioso escultor Pedro Roldán, no dudó en fomentar la práctica de sus capacidades en su propio taller al igual que hizo con sus hermanos y hermanas. Es más que evidente la admiración de Pedro Roldán por las creaciones de su hija, sobre la que ejerció una lógica y potente influencia que se vio enriquecida por el contacto que mantenía nuestra autora en el taller paterno con la élite artística de la Sevilla del momento, en estrecho contacto con personalidades tan destacadas como Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Valdés Leal o Bernardo Simón de Pineda, entre otros. Fue durante su infancia y juventud cuando dichos artífices tuvieron a su cargo empresas de gran importancia, de las que Luisa Roldán pudo ser testigo y en las que evidentemente se fue cimentando su personalidad creadora. Como muestra podemos recordar la iglesia del sevillano Hospital de la Caridad, donde los mencionados artistas dejaron un extraordinario conjunto en el que todas las manifestaciones artísticas se conjugan en armonía para dar forma al pensamiento de su promotor, Miguel de Mañara.
MUJERES ARTISTAS

Superando las múltiples dificultades que toda mujer encontraba para desarrollarse profesionalmente en la sociedad española de la Edad Moderna, Luisa Roldán supo tomar las riendas de su futuro y desarrollar una brillante carrera artística y su nombre se ha conservado a lo largo de los siglos como sinónimo de calidad indiscutible. Su inquietud y deseo de superación la llevaron del taller paterno en su Sevilla natal a Cádiz y más tarde a la Corte, donde alcanzó gran prestigio. Su ejemplo es centro de atención tanto para el estudio de la Historia del Arte como de la situación de la mujer a través de los siglos.

Luisa Roldán, Angel Pasionista, 1678. Cofradía de la Exaltación, iglesia de Santa Catalina, Sevilla.

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A lo largo de su vida Luisa Roldán no dejó de evocar el impacto de dichas creaciones, hábilmente combinadas con sus nuevas fuentes de inspiración. Sus primeros trabajos estuvieron, como es lógico, muy condicionados por la poderosa personalidad de su padre, cuya influencia la acompañó durante el resto de su existencia y queda patente en el expresivo dinamis- mo de sus esculturas, tanto en las composiciones como en el tratamiento del modelado y la talla. Progresivamente la autora fue buscando sus propios caminos creativos y así lo comprobamos en el busto del Ecce-Homo de Cádiz, que firmó en un fragmento de papel guardado en su interior en 1684. Dicho documento es testimonio también de la estima que la propia autora tenía de su producción, pues en él se autocalifica de "insigne artífice", consideración que se mantendrá también en los escritos que se ocupan de ella y de sus obras. Podemos suponer que los adjetivos de sus firmas se debieron en buena parte a su entorno más cercano, su marido Luis Antonio de los Arcos y su cuñado Tomás de los Arcos. En las firmas se suele mencionar también a su marido y su cuñado, triple firma que se repitió constantemente en algunas de las obras más significativas de la autora. Parece evidente que en ellas se quiso dejar constancia de que dichos trabajos eran el fruto de una colaboración liderada por Luisa Roldán. En los documentos conservados sobre el encargo de las imágenes de los Santos Servando y Germán, patronos de Cádiz, se puede vislumbrar con claridad el sistema de trabajo que seguía Luisa. Se la menciona como "principal artífice" es decir la responsable de la idea y definición, su marido Luis Antonio es también responsable de la ejecución, pero aún no se sabe con certeza cuál fue su misión concreta en el proceso, mientras que su cuñado, Tomás de los Arcos, fue el encargado de llevar a cabo la policromía, acabado fundamental del que dependía en buena medida el éxito del trabajo. En consecuencia, nos encontramos con una labor en grupo muy bien coordinada, en la que siempre se dejó constancia del papel primordial de la escultora. Todo ello está en contradicción con diferentes tópicos muy frecuentes y originados fundamentalmente a lo largo de los siglos XIX y XX que nos presentan a Luis Antonio como un artista mediocre, siendo Luisa Roldán la esposa marginada y situada oficialmente a la sombra de su marido.
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