Superando las múltiples dificultades que toda mujer encontraba para desarrollarse profesionalmente en la sociedad española de la Edad Moderna, Luisa Roldán supo tomar las riendas de su futuro y desarrollar una brillante carrera artística y su nombre se ha conservado a lo largo de los siglos como sinónimo de calidad indiscutible. Su inquietud y deseo de superación la llevaron del taller paterno en su Sevilla natal a Cádiz y más tarde a la Corte, donde alcanzó gran prestigio. Su ejemplo es centro de atención tanto para el estudio de la Historia del Arte como de la situación de la mujer a través de los siglos.
Luisa Roldán, Angel Pasionista, 1678. Cofradía de la Exaltación, iglesia de Santa Catalina, Sevilla.