La expansión del califato omeya durante los siglos VII y VIII de nuestra era es un fenómeno que ha generado asombro por su rapidez y por la extensión conseguida, pasando de controlar parte de la Península Arábiga a extenderse desde la región de Transoxiana (actual Uzbekistán) hasta la Península Ibérica. En el caso de esta última, el año 711 marca el comienzo del rápido proceso de conquista del Reino Visigodo de Toledo y la formación de alAndalus como entidad política y cultural, lo que lleva aparejado la progresiva arabización e islamización de la población local.
Este proceso de conquista ha sido analizado de forma mayoritaria a través de la información que ofrecen las fuentes escritas, latinas y árabes y, de manera más reciente, a partir de los testimonios materiales. Dentro de este último grupo de evidencias, los conocidos como precintos de conquista han supuesto un salto cualitativo en la investigación de este periodo. Los precintos son sellos de plomo que presentan inscripciones epigráficas en árabe en una o ambas caras y fueron usados para precintar diferentes elementos relacionados con las acciones emprendidas por los conquistadores. Aunque las leyendas son diversas en su contenido, la mayoría hacen referencia a los términos en los que se produjo la conquista, incluyendo los tratados, los pactos, la toma de botín o el pago de impuestos, entre otros. Pero, además, la inclusión en ellos de topónimos nos muestra el mapa del avance del nuevo poder sobre el territorio visigodo.
En la actualidad se conocen unos 204 sellos para la Península Ibérica y la zona de la Narbonense en Francia, y se clasifican en función de las categorías establecidas por el investigador Tawfiq Ibrahim hace unas décadas. Estos precintos son relevantes por varias razones. En primer lugar, son, junto a las monedas, los testimonios escritos en árabe más antiguos de la península, incluso algún ejemplar podría ser la evidencia material más antigua del uso del término al-Andalus. Además, en un porcentaje elevado de ellos aparecen mencionados gobernadores de al-Andalus como al-Hurr (716-719), al-Samh (719-721), 'Anbasa ibn Suhaym (721725), Muhammad b. 'Abd Allah al-Asya'ĩ (730), 'Abd al-Rahman al-Gafiqi (730-732), Abü al-Jattär (743-745) Y el propio 'Abd al-Rahman I (756-788). Las fuentes textuales árabes habían sido denostadas, tachándolas de tardías y fantasiosas, sobre todo en lo que se refiere a los periodos más tempranos del imperio, como la conquista de al-Andalus, y el hecho de que los nombres de gobernadores presentes en estos sellos coincidan con los conocidos por las crónicas árabes permite "rehabilitar" estas fuentes de información como ya planteó Hugh Kennedy en un trabajo fundamental sobre este asunto.
Los precintos hacen alusión a los términos en los que se produjo la conquista y la relación que existiría entre los conquistadores y los conquistados. Es decir, nos permiten conocer si hablamos de conquista mediante la fuerza de las armas ('anwa) o mediante pactos de paz (sulh) o tratados ('ahd, 'aqd). Analizar en profundidad el tipo de conquista que se produjo, ha sido una cuestión de amplio debate. A través del estudio de la información textual se contraponían dos lecturas del proceso, por un lado, una conquista caracterizada por los pactos de capitulación y, por consiguiente, exenta de violencia sistemática; por otro, una conquista militar al servicio del califato Omeya de Damasco protagonizada por contingentes militares de un imperio centralizado, organizado y con marcadas jerarquías sociales.