Regla Manjón Mergelina (1851-1938) nació en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), pero estuvo vinculada desde su juventud a Sevilla, donde residió largas temporadas hasta que, a principios del siglo XX, se instaló definitivamente en esta ciudad. Con una educación exquisita, estuvo interesada desde muy nina por la historia, la genealogía y la numismática. A estos intereses hay que sumar el conocimiento que tenía de diferentes idiomas, como el francés y el inglés, aprendidos bajo la tutela de su institutriz Isabela Sherrington, lo que le permitió en su madurez mantener relaciones con intelectuales y artistas internacionales.
Además de extraordinaria escritora, todavía por estudiar, y pintora aficionada, Regla Manjón fue una apasionada coleccionista, sin olvidar su implicación en la promoción de la cultura. Una mujer carismática que rompió muchos estereotipos de género, en una época en la que las mujeres apenas tenían presencia en el ámbito público, logrando participar activamente en el terreno político, administrativo y artístico, espacios que reclamó desde muy joven. Ello se aprecia en algunos de sus poemas más tempranos, donde denunciaba las desigualdades entre mujeres y hombres en la cultura y la sociedad que le tocó vivir: "¿De qué sirve a las mujeres tener genio, si tan solo en él encuentran su tormento? Como el ave, que si al cielo volar ansia, se destroza con los hierros de la jaula" (1872). Desde muy joven se interesó por la poesía, pero fue a partir de 1870 cuando se convirtió en una constante en su vida. Entre 1871 y 1882 realizó tres álbumes con poemas que intercaló con algunos dibujos y acuarelas, composiciones de papel picado o de flores secas. Estos álbumes son un reflejo de las inquietudes personales de la joven escritora. La mayoría de los poemas quedaron inéditos hasta 1930, cuando publicó el libro Agua pasada, una selección de poemas escritos a lo largo de seis décadas. La vehemencia en los poemas de adolescencia dio paso a una poesía más moderada, en línea con otras escritoras de comienzos del siglo XX como Blanca de los Ríos Nostench, Emilia Pardo Bazán, Teresa Lazzatti Quiñones o Mercedes Gaibrois, con quienes compartió una fluida correspondencia. Las inquietudes artísticas de Regla Manjón no se limitaron a la poesía, pues durante aproximadamente veinte años las alternó con la práctica de la pintura que, aunque abandonó al comienzo de la década de 18g0, en sus últimos años de vida continuaba evocando con cierta nostalgia, escribiendo hacia 1920: "No es justo olvidar aquí el cuadro de la expulsión de los judíos que yo pinté cuando aún no tenía veinte años sin maestros ni consejos, valiéndome sólo de un periódico ilustrado, que demuestra que de haber yo seguido el camino que entonces emprendí, hubiera hecho algo".