El Partido Carlista, desde finales de ' los años sesenta, cambió su ideología hacia el socialismo de autogestión, el federalismo y la defensa de la ruptura democrática. Esto le hizo ser parte del antifranquismo, participar en órganos de oposición democrática y proponer alternativas, en el periodo de la transición hacia la democracia; por ejemplo, a las autonomías que se estaban concediendo a las regiones y nacionalidades, no sin sufrir la persecución y represión del franquismo y del Segundo Gobierno de la Monarquía. Uno de los territorios donde el Partido Carlista desarrolló su actividad fue, sin duda, Andalucía.
Como era costumbre, todos los años desde 1934, se celebró en 1968 el acto carlista de El Quintillo, en Sevilla. Hubo desfiles, imposición de medallas de la lealtad, cantos y comida campestre. Aquel año acudieron en representación de la familia real carlista doña Irene de Orange-Nassau y doña María Teresa de Borbón-Parma. Traían una "Carta-mensaje de S.A.R el Príncipe Don Carlos a los Carlistas Andaluces en Quintillo de 1968", en la que el príncipe carlista diría que: "Lo sabían los que intentaron separas la dinastía y el pueblo para aniquilar al Carlismo. Pero fracasaron porque se equivocaron. No sabían que en política el amor es arma de victoria más segura que el odio. No sabían que el amor a los Reyes y de los pueblos es tan potente que no se puede separar (...) Pues que de aviso a los que quisieran intentar otra vez separar la dinastía legítima y el pueblo carlista. Porque la gran Familia Real española es el Carlismo con su Dinastía. Ha vencido las generaciones. Ha desgastado a sus enemigos. Ahora viene su momento de aportar al mundo moderno sus soluciones: las únicas soluciones nuevas y modernas".
Desde luego, plantearían soluciones nuevas, modernas y originales. El Partido Carlista defendería un Estado socialista con autogestión económica, donde la empresa sería propiedad de los trabajadores; en los territorios, mediante un sistema federal construido de abajo hacia arriba; y autogestión política, defendiendo la necesidad de la existencia de partidos políticos de masas. El sindicato no solo defendería los intereses de los trabajadores, sino que además sería un sindicato único y democrático con capacidad de decisión sobre la economía y con representación en la Cámara legislativa. En ella se debatiría la planificación de la economía. Esta ideología, influida por experiencias como la Yugoslavia de Tito, se asentaba sin duda en el pensamiento cristiano y en el método de análisis marxista. Defendieron una monarquía compatible con el socialismo (Foto 2).
Los actos de El Quintillo pronto comenzaron a suponer un problema para el régimen franquista. Por ejemplo, el acto de El Quintillo de 1973 quedó suspendido. También se suspendió un acto del Partido Carlista en Sevilla. Pero el carlismo durante la época franquista tuvo en Andalucía importantes figuras. Un carlista que estuvo de acuerdo con los nuevos aires ideológicos que soplaban fue el marqués de Marchelina, Ignacio Romero de Osborne, un excombatiente requeté que tuvo una importante participación en la conspiración contra la Il República y que fue en la década de los setenta el Secretario General del Partido Carlista de Andalucía. Durante el franquismo se le retiró una condecoración militar por sus peticiones de amnistía total y otras reivindicaciones democráticas y socialistas.