Columnas

Don Juan Valera y la historia

En defensa de la historia de España

Ningún novelista español del siglo XIX se ocupó de la historia con el rigor y conocimiento de causa como lo hizo don Juan Valera. Sin embargo, quienes se han ocupado de él, aun reconociendo que fue “una anomalía literaria” como es el caso de José F. Montesinos, no fueron en sus pesquisas más allá para aclarar esta dimensión, a pesar del gran peso que la historia tiene en su obra.

MANUEL MORENO ALONSO
UNIVERSIDAD DE SEVILLA

Considerado casi exclusivamente como novelista, autor de cuentos o poeta, además de gran polígrafo, lo cierto es que se ha pasado de puntillas por la importante contribución historiográfica de Juan Valera.

Estudiosos como Manuel Azaña tampoco valoraron la vertiente de historiador de Juan Valera a pesar de haber sido tan importante en su obra, tal vez por no embestir contra el edificio de la Restauración o lidiar en sus relaciones con Cánovas o con la persona y la obra de Marcelino Menéndez Pelayo. Sí recuerda, en cambio, su combate contra la retórica de los krausistas (Los nuevos filósofos y políticos).

Como no podía ser de otra manera, los santones de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), lejos de valorar la defensa continua que hizo de la historia de España, lo sumieron en el silencio o lo detestaron sencillamente. Su niño prodigio, el joven Ortega y Gasset, lo despreció olímpicamente en 1904, un año antes de su muerte, cuando ya estaba completamente ciego, llegando a decir que tenía “la fría malignidad de los enciclopedistas y su noble manera de decir”. Seis años después Ortega lo atacó sin piedad, recordando la única vez que lo vio “ataviado con uniforme bordado de oro, cubierto el pecho de bandas, sobre las cuales se alzaba una faz de líneas gratas pero poco expresivas: una faz castiza de ciego que se orientaba indecisamente hacia la luz derramada por un ventanal. Prácticamente, pues, como si no le hubiera visto jamás”. En esta ocasión lo trató como un vulgar “cortijero andaluz”, al que le movía “un inconsciente positivismo, un positivismo cazurro y extraintelectual, que solemos hallar en los hombres de nuestra raza cuando rascamos un poco su epidermis” (El Imparcial, 6 octubre 1910). ¿Se molestó Ortega porque don Juan había escrito Sobre lo inútil de la metafísica, o porque no se vio citado en el artículo que aquel mismo año de 1904 escribió “Sobre la juventud intelectual?”.

Mucho más acertado y justo en su juicio ha sido Julián Marías, para quien Valera fue “la mente más lúcida de España en el siglo XIX y el hombre que poseyó más amplios conocimientos del mundo en que vivía, y de buena porción del pasado”. A lo que agregaba: “¿Habrá algún día en que los españoles inteligentes posean a Valera, lo lleven dentro, puedan en tantas cosas partir de él? Harían falta muchas cosas; la primera, una edición accesible de la porción más viva, valiosa y profunda de lo que escribió”.

LA OBRA HISTÓRICA. Hasta 2004 no se ha publicado la Obra histórica de Valera, gracias al interés del editor navarro Juan López Tabar que en Urgoiti Editores ha rescatado obras de autores decimonónicos importantes y olvidados, como Modesto Lafuente, Antonio Cánovas del Castillo, Francisco María Tubino o Francisco Codera, entre otros. El libro dedicado a Valera, con 850 páginas en formato grande, ha contado con el buen hacer en la preparación de la edición de Leonardo Romero Tobar, editor a su vez de la edición de su Correspondencia en siete volúmenes.

Así el lector podrá ver la gran obra historiográfica del autor, considerado casi exclusivamente como novelista, autor de cuentos o poeta a lo máximo. En esta obra se recogen textos “inequívocamente” históricos recogidos de su pluma y otros que oscilan entre la historia y el ensayo cultural con plena vigencia historiográfica. El editor no se equivoca al señalar que “cuando se escriba un estudio sobre el despliegue que encontraron en la España del XIX las ideas básicas en la teoría histórica contemporánea, la obra histórica de Juan Valera será un documento imprescindible”.

El trabajo histórico más importante y amplio de Valera, que se recoge en su Obra histórica, es su continuación de la famosa Historia General de España de Modesto Lafuente, que éste dejó inconclusa a la muerte de Fernando VII en 1833. Analizada historiográficamente desde la perspectiva actual, llama la atención su buen criterio a la hora de estructurar un trabajo sobre una época tan próxima, así como la utilización de una amplísima información.

También se recogen valiosos trabajos dispersos, pues don Juan publicó numerosos ensayos que todavía nos sorprenden al leerlos hoy, como del Romanticismo en España, Las Escenas andaluzas del Solitario, Sobre la historia de la literatura española en la Edad Media, o De lo castizo de nuestra cultura en el siglo XVIII y en el presente. Especial significación tiene su ensayo, no recogido en esta obra, Sobre el concepto que hoy se forma de España, que apareció en la Revista de España en 1868.

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