La frontera del Reino Nazarí no fue una sino múltiple: hubo varias fronteras en el espacio y en el tiempo, y algunas fortificaciones conservan el recuerdo de estas fronteras cambiantes.
En su máxima expansión territorial, el Reino de Granada tuvo más de 1100 kilómetros de fronteras, 650 kilómetros terrestres y 460 kilómetros marítimos. La frontera terrestre lindaba con la Corona de Castilla al norte y al este, y con el protectorado de los meriníes de Fez al oeste, y la marítima iba desde Tarifa hasta el final de la Costa de Almería, donde el territorio nazarí tenía su límite al noreste de la desembocadura del río Almanzora, cerca de Águilas, ya en el Reino de Murcia. El punto más estratégico del litoral fue el extremo occidental, donde la necesidad de controlar el Estrecho convirtió Tarifa, Algeciras y Gibraltar en puertos codiciados por Fez, Granada y la Castilla. Toda la zona costera fue una frontera fuertemente protegida y defendida por un complejo sistema de fortificaciones que asociaba atalayas, castillos (Almuñécar, Salobreña, etc.) y los grandes recintos urbanos amurallados de Málaga y Almería.
En cuanto a la frontera terrestre, la más extendida lindaba con la Corona de Castilla, donde contaba con sectores distintos por la organización de su defensa: así, el confín oriental articulaba su protección en torno a las grandes fortalezas de Vera, Húercal-Overa y Xiquena, mientras que la frontera central, la más fuertemente controlada por los nazaríes, contaba con un gran número de castillos de medianas dimensiones, en particular en la zona giennense. Proteger la zona fronteriza significaba controlar las vías de acceso: al este de la provincia de Almería, un conjunto de torres, Fuente Alegre, El Charche, Pozo Belmonte, Montalviche, Cerro Gordo, vigilaban el camino entre la fortaleza de Vélez Rubio y la de Vélez Blanco, camino que era el paso fundamental entre Granada y Murcia. Además de sus fronteras exteriores, el reino nazarí tuvo fronteras interiores, cuando una fortificación se convertía en sede de una oposición al poder de Granada hasta considerarse casi independiente, como ocurrió en Almería donde empezaron varias rebeliones.
Múltiples en el espacio, las fronteras fueron cambiantes en el tiempo. Si la Guerra de Granada (1482-1492) significó un periodo de intensos cambios en los confines del Reino Nazarí, en los siglos anteriores la frontera también había sido móvil, en particular en relación con el conflicto del Estrecho, cuyo punto de inflexión fue la victoria del rey Alfonso XI de Castilla en la batalla del Salado (1340): en 1292, los castellanos se habían apoderado de Tarifa, en 1327 de Olvera y de Pruna, en 1330 de Teba, en 1341 de Alcalá la Real, en 1344 de Algeciras, en 1410 de Antequera, en 1462 de Gibraltar.
Similar movilidad conoció la frontera occidental con los meriníes, como muestra la situación de Ronda: entre 1275, cuando fue entregada al sultán meriní Abu Yusuf, y 1361, cuando el nazarí Muhammad V la recuperó definitivamente, Ronda fue una ciudad disputada entre Granada y Fez, sin que podamos establecer una cronología fina de la historia de esta ciudad fronteriza. La consecuencia de estas historias entrecruzadas en ambos lados de la frontera es, a veces, la complicada asignación del legado arquitectónico islámico: en Ronda, suele considerarse nazarí, y de época de Muhammad V, la mayoría de las murallas hoy día conservadas en el casco histórico; en cambio, las murallas del recinto occidental, el albacar, pueden ser meriníes o nazaríes.