En sus famosos Cuentos de la Alhambra, Washington Irwing escribía a mediados del siglo XIX de la mujer nazarí como una belleza encerrada tras las cortinas de palacio, reservada al divertimento del "rey moro" que, en ocasiones, cautivada por un príncipe cristiano se escapaba sin ser vista por la ventana de la torre en que habitaba. Esta es la idea que prevalece en el imaginario popular, fortalecida por numerosas pinturas orientalistas en las que las estancias alhambreñas se encuentran habitadas por mujeres solitarias, aparentemente silenciosas. Hoy podemos pensar que quizás algunas de ellas tuvieron mucho que decir.
Baños árabes. Miguel Vico Hernández (1850-1933). Colección privada.