Columnas

Schulten vs. Bonsor

¿Quién fue el auténtico pionero de la arqueología tartésica?

ARCHIVO GENERAL DE ANDALUCÍA 

En el centenario de la publicación en español de Tartessos, de Adolf Schulten, rememoramos su colaboración/rivalidad en busca de la legendaria ciudad con otro eminente arqueólogo, Jorge Bonsor, que no estuvo exenta de recelos y suspicacias. Ambos contribuyeron al auge de la arqueología tartésica, pero no tuvieron la misma resonancia popular ¿Reservó el destino injustamente la fama a aquél que menos la merecía? El rico archivo de Bonsor, custodiado en el Archivo General de Andalucía, nos permite indagar parte de la respuesta. 

MATEO A. PÁEZ GARCÍA
ARCHIVO GENERAL DE ANDALUCIA
El auge de la investigación sobre Tarteso [*] a partir de la segunda década del siglo XX se debe sin duda a la publicación, en 1924, de la obra Tartessos: contribución a la historia más antigua de occidente de Adolf Schulten (1870-1960). Esta obra sustentó la enorme popularidad que adquirió la investigación en torno a Tarteso, tanto en los medios académicos como entre el gran público, y tanto unos como otro lo atribuyeron a Schulten. La publicación de este arqueólogo, aureolado por el prestigio que el mundo académico alemán gozaba en toda Europa en aquellos tiempos, tuvo un impacto que aún resuena hoy día. Por ejemplo, para el profesor Fernando Wulff, la construcción schulteniana es el momento fundacional de la problemática tartésica, a pesar de reconocer que esta construcción presentaba dos grandes debilidades: la forzada interpretación de las fuentes literarias en que se sostenía y la falta de constatación arqueológica. Paradójicamente, a pesar del temprano desprestigio científico de su tesis tartésica, la repercusión de Schulten impidió que otras aportaciones de mayor valor y entidad científica, como la de Jorge Bonsor, se reconocieran de manera adecuada. Así lo afirma el arqueólogo Jorge Maier: "el papel preponderante de Schulten en lo referente a Tartessos ha sido tan aplastante que la contribución de Bonsor en este sentido ha sido, aunque no obviada en círculos académicos, eclipsada, o mejor dicho mal conocida". Gran parte de este éxito tiene su explicación en motivos "extra históricos". Los descubrimientos de ciudades antiguas desaparecidas, como Troya o Micenas, revitalizaron los textos antiguos como fuente de conocimiento histórico, a la vez que alentaron en Europa el desarrollo de una arqueología romántica, cuyo principal objetivo era la identificación de los lugares, principalmente las ciudades, citados en las fuentes grecolatinas y biblicas. Tras sus excavaciones de las ruinas de Numancia entre 1905 y 1914, Schulten se reclamó -sin ser cierto— como su descubridor, y pudo imaginar cómo crecería su prestigio cual nuevo Schliemann si descubría la mítica ciudad de Tarteso, citada en textos y periplos grecolatinos, la capital del mítico Gerión a quien Heracles arrebató sus ganados, o la del legendario rey Argantonio; tal vez se trataría de la Tarsis bíblica, y, por qué no, de la perdida y legendaria Atlántida platónica. Y a su búsqueda se dedicaría con ahínco. RIVALIDAD. El éxito popular de Schulten contrasta con el desconocimiento del arqueólogo Jorge Bonsor Saint Martin (18551930), británico nacido en Francia y que vivió y trabajó gran parte de su vida en España. Según Jorge Maier, "sin duda el verdadero pionero de la arqueología tartésica" fue Bonsor y no Schulten. Frente a la construcción ideal del alemán, el británico fue "el descubridor de la cultura material de Tarteso, de un Tarteso real y objetivo, con una delimitación espacial y temporal concreta, es decir, una civilización ubicada con precisión en el espacio y en el tiempo". Ocurre, según este especialista en la obra de Bonsor, que si el Tarteso de Schulten se presenta en un solo libro, el de Bonsor se despliega en un número muy amplio de publicaciones y trabajos (algunos inéditos) que van desde 1899 —año en que publica en la Revue Archeologique de París Les colonies agricoles pré-romaines de la Vallée du Betis, que debe considerarse la primera obra moderna en España sobre la civilización tartésica-, hasta el año 1928 en que publica Tartessos: excavaciones practicadas en 1923 en el Cerro del Trigo, término de Almonte (Huelva). Entre ambas fechas se sucede un amplio número de trabajos publicados y de excavaciones cuyos resultados, por diversas circunstancias, quedaron sin publicar. El hecho de que excavara mucho y publicara relativamente poco puede ser una de las causas que explique su olvido por parte del mundo académico español. "No deja de sorprender que tras su fallecimiento —dice Maier— toda esta labor desarrollada no fue prácticamente tenida en cuenta en la investigación sobre Tartessos tras la guerra civil. Jorge Bonsor fue sometido a un duro e injusto juicio moral que supuso su desacreditación científica que solo puede ser comprendida en el contexto histórico en el que se produjo. Los principales arqueólogos de aquellos momentos le acusaron por una parte de vender los materiales recogidos en las excavaciones y, por otra, por no haberlos publicado de acuerdo a los criterios científicos imperantes.
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