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Represión y depuración en la Diputación de Sevilla (1936-1939)

JULIO PONCE ALBERCA
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
El establecimiento de modelos interpretativos sobre el pasado a partir del análisis crítico de los datos extraídos de las fuentes consultadas suele ser la aspiración última de una monografía. La formulación de hipótesis y su contraste son elementos constitutivos de ese quehacer. Sin embargo, hay todo un espacio para la publicación de otro tipo de obras que compilan datos del pasado reciente o recogen testimonios de sus protagonistas, algo especialmente útil en el caso de la historia contemporánea debido a la mayor disponibilidad de documentos con respecto a períodos más remotos. Estos trabajos tienen la virtud de poner a disposición de los historiadores una información ordenada que, a la vez, les ahorra un tiempo precioso permitiéndoles avanzar en sus investigaciones, convirtiéndose en referencias documentales. Hay que advertir que la publicación de una determina fuente -sean unas memorias, una recopilación de datos o, como es este caso, un censo de funcionarios y empleados represaliados— no implica una identificación o sesgo de sus autores con el objeto sobre el cual se ha trabajado, como con ligereza se prejuzga desde posiciones que aúnan profundo desconocimiento y ciega bandería. Por el contrario, su propósito se resume en ofrecer a especialistas y público en general una serie de fuentes que, como todas, ni son completas ni son una interpretación objetiva del pasado. Nos proporcionan un valioso material para posteriores análisis; un fundamento documental al que solo es exigible honestidad y meticulosidad en el tratamiento de los datos obtenidos. Y este libro es un ejemplo de ello. Del fruto de sus páginas se desprende las dificultades y las limitaciones de la información pues no todos los expedientes personales se han conservado. Pese a ello, sí ofrece una imagen bastante nítida del drama de la represión profesional en el seno de una institución durante la Guerra Civil. Y entre los datos aportados se hallan varios elementos de interés para posteriores estudios de los cuáles destacaríamos tres, dado el espacio acotado de una breve reseña. Por una parte, constata que la oleada represora tuvo unos ritmos específicos y se concentró en el año 1936 al tratarse de una provincia que quedó en la retaguardia de los sublevados en aquel mismo verano. Por iniciativa de la autoridad militar se ordenó el cese de 217 funcionarios y empleados de la Diputación sevillana, algunos de los cuales fueron detenidos y a otros incluso ya se les había arrebatado la vida. Tras esa represión, en 1939, se practicó la depuración. Y es preciso subrayar que represión y depuración son conceptos que, a veces, se confunden e intercambian, pese a ser distintos. La depuración consistió en un proceso de investigación sobre todos los empleados que podía terminar en cese (si era hallado "culpable") o en el mantenimiento de su puesto (al demostrar su "inocencia"). Pues bien, el resultado fue que se tomaron declaraciones juradas a todos ellos (un total de 668) concluyéndose que ninguno de ellos tenía "responsabilidades políticas". La depuración había concluido en las plantillas de personal de la Diputación sevillana.

Barriga Guillén, Carmen (dir.)
Depuración y represión de los funcionarios y empleados de la Diputación de Sevilla entre 1936 y 1939.
Diputación Provincial de Sevilla, Sevilla, 2023, 127 PP.,
6 €

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En segundo lugar, podemos calcular con cierta aproximación el porcentaje de funcionarios y empleados represaliados pues, como hemos indicado, depurados lo fueron todos. A la vista de los datos disponibles y estimando en unos 800 los empleados de la Diputación de Sevilla, se concluye que la represión alcanzó al 25-30 % de la plantilla. Y ello se encuentra en línea con lo ocurrido en otras diputaciones: también un tercio de los empleados fueron represaliados INCIONARIOS DE SEVILLA en la Diputación de Álava (Javier Gómez), aparte de la excepcionalidad de la de Vizcaya que vio reducida drásticamente su personal por el efecto de la supresión del régimen foral (cosa que no ocurrió en Álava). También otro tercio fue represaliado en el Ayuntamiento de Marbella (Lucía Prieto). Y ello sin contar con la separación del servicio de los funcionarios y empleados desafectos en zonas que quedaron bajo el control del gobierno de la Segunda República, un asunto poco explorado hasta ahora. Lo que ninguna estructura administrativa podía permitirse —ya fuese en un bando o en el otro— era prescindir de todo su personal de manera súbita. Por último, este libro desvela que la represión fue más intensa en los funcionarios de menor nivel y en los empleados que carecían de estabilidad en la plantilla. Lo cual no significa que no alcanzara a algunos altos funcionarios como fue el caso del interventor del Estado, José Cobos Estrada, que ocupaba la Jefatura de Sección Provincial de Administración Local. En 1936 fue cesado de este cargo y de otros, tanto en la Delegación de Hacienda como en la Escuela de Comercio, y ello pese a que mostró su "adhesión al Movimiento Nacional" desde el inicio de la sublevación. Hasta 1939 no sería repuesto en su cargo, después de no pocas vicisitudes y amarguras. Su caso y otros análogos invitan a pensar si los criterios ideológicos conformaron el detonante exclusivo de la represión. Sin duda, es de agradecer que este libro dirigido por Carmen Barriga haya abierto unas panorámicas tan novedosas como interesantes.
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