Columnas

El gabinete natural del abuelo de los Machado

Sevilla, 14 de noviembre de 1850

EVA DÍAZ PÉREZ
PERIODISTA Y ESCRITORA

Antonio Machado y Nuñez fue un destacado zoólogo, botánico y geólogo que fundó la colección de Historia Natural de la Universidad de Sevilla. El científico, que se convirtió en alcalde, gobernador civil y rector de la Hispalense, fue pionero en estudiar la biodiversidad y describir el lince ibérico

Recordaba el día en el que reunió aquellos minerales a la orilla del río, en la curva del Guadalquivir donde solía encontrar plantas y piedras de particular rareza. Era un día de otoño con mucho sol, soplaba viento y en el aire se intuía una tormenta cercana, pero aprovechó para recoger rocas y arenas diluviales de la cuenca del Guadalquivir. Y allí estaban ahora expuestas en dos tubos de cristal junto a la pieza de azufre natural hallada en Conil. Ocre de tierra vieja que olía a ultramar y una hermosa piedra veteada de amarillo verdoso. En la vitrina coloca las cartelas donde aparecen el nombre y detalles científicos. Y en los cajones inferiores del mueble expositivo introduce con exquisito cuidado las láminas de sílex que había reunido en el cerro de San Juan en Coria del Río. Por fin, suspira orgulloso. Antonio Machado y Núñez contempla la obra científica que acaba de crear en la Universidad de Sevilla: el Gabinete de Historia Natural. Solo faltan por exponer los animales disecados, esas bestias congeladas en el tiempo con su inquietante mirada vacía. El profesor Machado y Núñez siente un escalofrío. No puede evitarlo. Le ocurre cuando observa las pupilas amuñecadas de los animales disecados. Pero luego piensa en el gran aporte para la observación científica.

Antonio Machado y Núñez fue catedrático de Zoología y Minerología y rector de la Universidad de Sevilla entre 1868-1870 Y 1872-1874.

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Intenta olvidarse del pavor que le causan las criaturas espectrales recordando que pronto estará incorporado el murciélago que capturó en el baño de doña María de Padilla en los Reales Alcázares. Le sorprendió el negro intenso de la piel que contrastaba con los ejemplares cazados en algunos campanarios de Sevilla, llenos de polvo y miseria. No tenía explicación científica pero quizás la belleza y el aroma fragante de los jardines del Alcázar hacían que los murciélagos que habitaban el viejo palacio tuvieran ese color sorprendente. Eran murciélagos que habitaban el paraíso y, por lo tanto, tenían la belleza de las metáforas que cuentan historias fabulosas. Nuestro Google Time nos permite conocer algunas particularidades de aquel Gabinete de Historia Natural que creó en 1850 don Antonio Machado y Núñez, el que será abuelo de los poetas Antonio y Manuel Machado. Don Antonio aún es un hombre joven y tiene un niño de cinco años. El único hijo que tendrá con su esposa Cipriana Álvarez Durán y que nació en 1845 cuando él era profesor de Física en la Universidad de Santiago de Compostela. Un niño llamado Antonio Machado y Álvarez y que la posteridad conocerá por su seudónimo, Demófilo. Demófilo, el hombre que vivió entre la utopía y el fracaso, el introductor de los estudios folkloristas en España, el sabio que daría prestigio científico a los cantes flamencos. El hombre bueno que también enseñó a sus hijos poetas a reconocer la voz del pueblo en el venero de sus versos. DOÑA CIPRIANA. Pero aún estamos en 1850. Demófilo está aprendiendo a hablar y su madre Cipriana se entretiene enseñándole cuentos, canciones y romances antiguos. Eso mismo hará con sus nietos en las largas noches del invierno a la luz de un quinqué cuando vivan en las estancias alquiladas de un palacio con huertas claras y limoneros. Ella será quien introduzca en los Machado el gusto y el eco de los romances antiguos. De hecho, era la sobrina del famoso Agustín Durán, el estudioso y antólogo del "Romancero". Los niños se criarán con las historias de abencerrajes y los romances fronterizos, con tristes historias de damas enamoradas y caballeros vencidos.
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