Columnas
Dossier

Arte y caballería en la frontera andaluza

Notas de encuentro e identidad cultural.

CARMEN VALLEJO NARANJO
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
En la frontera andaluza, choque territorial de dos culturas religiosas en los confines occidentales, el conflicto se concibe como Guerra Santa o Yihad. En el liderazgo nobiliario-militar de sus mandos como brazos armados en la defensa de su fe, late un profundo factor común tan atávico como la guerra misma: el caballo. La ciencia guerrera a caballo, elevada frente al peón, la significó secularmente como cuerpo de élite: la caballería. En las más pretéritas, lejanas y dispares culturas, el guerrero a caballo verifica un arquetipo que se define a través de un complejo y estético código de virtud moral y espiritual en la vida y en la muerte, basado en el servicio armado, la lealtad y el honor: el caballero. Su vida fue una batalla en la continua enajenación de sí mismo para constituirse en el paradigma del orden estamental que defendía y representaba dentro de una sociedad organizada para la guerra. La identidad caballeresca se forjó en lo sublime de una ética y una estética de la perfección, el refinamiento y la heroicidad. El caballero se convirtió en un icono artístico que la frontera exaltó en su plenitud funcional: lucha, sangre, tierra, señorío y muerte. En esta sinergia proactiva una generación de carismáticos caballeros de fortuna, segundones de troncos nobiliarios castellanoleoneses, permanecieron en la frontera del Reino de Sevilla con sed de poder y proyección genealógica. Alonso Pérez de Guzmán, el Bueno (†1309) supone el ejemplo preclaro del encumbramiento de un bastardo y la forja del mito fronterizo. Tras la capitulación de Sevilla, prestaba servicio armado en Fez al emir benimerín Abū Yūsuf (†1286), ganando su apoyo para la causa de Alfonso X (†1284) frente al levantamiento de su hijo Sancho. En Fez sucede la leyenda de la “serpe” que asolaba a la población y que Alonso mató, cual San Jorge. Retornó como señor de la guerra, llamado para la defensa de Tarifa gracias a sus conocimientos del enemigo y con lealtad heroica entregó a la muerte a su primogénito antes que rendir el alcázar. Toda esta epopeya pasó a formar parte de sus armas heráldicas y así se gestaron todos los blasones que identificaron y exornaron con sus piedras armeras las casas solares y el señorío urbano de la nueva aristocracia andaluza. El imaginario fronterizo y su épica de Cruzada atrajo a caballeros extranjeros que murieron en la “guerra contra los Moros”. El escocés sir James Douglas, camino de Jerusalén con la empresa de enterrar el corazón de su rey en el Santo Sepulcro, recaló en Sevilla con sus hombres y murió en una emboscada en la batalla de Teba (1330). Los nobles andaluces y sus mesnadas desarrollaron una neta especialización y una aculturación militar y estética que caracterizó a la “caballería de frontera”. Estaban curtidos en el íntimo conocimiento del rival durante siglos de enemiga vecindad y directos trasvases de unidades mercenarias en ambos lados. Lo apreciamos en las Cantigas de Santa María de Alfonso X y cómo la caballería de la nueva dinastía nasrí adoptó armamento cristiano pesado, montando a la brida con cota de mallas, incluso yelmos tonel. La tradición de la caballería ligera islámica con su rápida y ágil monta a la jineta comenzó a recuperarse desde finales del siglo XIII con la aludida incursión benimerí.
EN LA ÚLTIMA FRONTERA

En las siguientes líneas mostramos las propiedades culturales del código caballeresco y su producción estético-artística como uno de los factores de diálogo y aculturación que no sólo forjaron la identidad propia de la frontera y de la caballería andaluza hasta el final de la Baja Edad Media, sino que dieron continuidad al poderoso alumbramiento del Imperio español a comienzos de la Edad Moderna.

Cantigas de Nuestra Señora. Se aprecia en el relato el deseo de batallar contra los moros, y la presencia en el cuadrante central derecho del bando islámico con equipo y etnia heterogéneos.

imagen
Para acceder al contenido completo es necesario realizar la suscripción