Una frontera terrestre y marítima que separa y acerca
MANUEL GARCÍA FERNÁNDEZ
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
Caballeros castellanos y jinetes granadinos en formación en la segunda mitad del siglo XIII. Cantigas de Santa María.
Para una generación de hombres y mujeres que, como la nuestra, asiste sorprendida a la desaparición de tantas viejas fronteras europeas y al nacimiento de otras nuevas, parece importante reflexionar y considerar que, pese a todo, la frontera andaluza medieval fue un hecho singular, concreto en el espacio y en el tiempo, entre dos formaciones políticas e ideológicas antagónicas que habían renunciado desde hacía tiempo a la integración en un mismo espacio compartido y que pugnaron por su control territorial desde el siglo XIII al XVI.
ALTERIDAD NEGATIVA LA VIOLENCIA. La tensión militar, la violencia y sus diversas y diferentes manifestaciones, constituyeron unas de las facetas más extendidas y frecuentes en la vida cotidiana de la frontera de Granada. Y la guerra y sus manifestaciones se articularían progresivamente en un desgraciado mal endémico que afectaría por igual a los modos de vida y a las mentalidades de las poblaciones fronterizas asentadas en sus bordes, cristianas o islámicas, solo atemperadas por la existencia de periodos más o menos largos de treguas y coexistencia pacíficas. Sin embargo, en estas tierras del sur del Reino de Castilla era algo bien sabido, incluso asumido por los poderes locales, que las relaciones fronterizas nunca fueron las oficiales entre dos reinos, entre dos estados.
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